GIGANTES Y CABEZUDOS EN VERA DESDE ANTES DE 1949. LA SUPERACIÓN DE LA IDOLATRÍA

Algunos curiosos me preguntan sobre el origen de los gigantes y cabezudos de Vera que desfilan en las Fiestas de Vera en honor a san Cleofás, patrón de la Ciudad (25 de septiembre).

(…) Otra forma de curación es someter a examen profundo a los ídolos…

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En el mundo hay más ídolos que realidades: éste es el «mal de ojo»

y el «mal de oído» que tengo yo para este mundo… Ir haciendo preguntas

a base de golpearlos con el martillo, y oír tal vez, como respuesta,

ese conocido sonido a hueco que revela unas entrañas

llenas de aire, representa una delicia para quien

tiene otros oídos detrás de los oídos (…)

(Friedrich Nietzsche. Prólogo de El ocaso de los ídolos)

Dad una máscara al hombre y os dirá la verdad (Óscar Wilde)

Toda mente profunda necesita una máscara (Friedrich Nietzsche)

Todos usamos mascaras, pero llega un momento

en el cual no podemos quitarlas sin arrancar

un poco de nuestra propia piel
(André Berthiaume)

Vecinos con buena memoria suponen que debió de comenzar a popularizarse a partir de los años 1945 ó 1946, a partir de la idea inicial del fotógrafo y vecino don Francisco Ruiz Collado. Otras voces enriquecen el recuerdo afirmando que fue en el año 1940 cuando algunos miembros de la familia Ruiz de Vera rescataron del altillo del Ayuntamiento los dos gigantes que aún se conservan, encontrándolos en muy mal estado, restaurándolos con una pasta hecha a base de harina y pintura.

Hojeando los libros de actas de la Comisión Permanente de Vera custodiados en el Archivo Municipal (libro 245, año 1949, folio 32 vuelto) advertimos que el recuerdo de los interesados en el origen de la fiesta podría ir bien encaminado en relación con la fecha de la noticia, ya que leemos en la sesión del día dos de noviembre:

(…) A Juan Salinas Ortiz, Pedro Ridao Salinas, Miguel Collado Martínez y Francisco Carmona Galera, por vestir los trajes de gigantes y cabezudos en las fiestas de la feria, 20 pesetas (…)

detalle 1949 contraste

Copia de Detalle cubierta Libro de Actas de la Comisión Permanente de Vera 1949-1952

La tradición de los gigantes y cabezudos se desarrolla en los reinos cristianos de España de la Edad Media. No llegó a expandirse a la zona musulmana porque, tras la redacción del Corán, donde (según me informa y corrige Francisco Fernández Caparrós) no se prohibía la representación de seres vivos, los hadices recopilados por al Bujari hicieron derivar esta religión hacia su ya sabida iconoclastia (aunque existan excepciones al rechazo de estas imágenes).

Las primeras referencias de la fiesta se recogen en Navarra, en pleno Camino de Santiago, con tres personajes arquetípicos iniciales: el leñador, la aldeana y el judío (1201). Las mejores documentadas son las de Barcelona del año 1424, que solían salir en la procesión de san Fermín (casualmente en la fecha de 25 de septiembre). Desde esta zona se expandió hacia el reino de Castilla y, sobre todo, al de Aragón. Suelen ir acompañados de pasacalles y charangas.

Desfile de gigantes y cabezudos

Sobre la interpretación de esta manifestación popular debemos resaltar que antes de utilizar la pagana en una procesión profana, la imagen por excelencia era la religiosa. Y es curioso seguir la pista a las primeras esculturas religiosas animadas o móviles (desde la diosa Astarté) y a la iconodulía (veneración de las imágenes) de los creyentes para los que era más fácil dirigir sus plegarias a una imagen tangible. Pero los gigantes y cabezudos no representan a entes divinos, sino a personas fácilmente reconocibles (por lo general) o a tipologías humanas concretas, habiéndose vaciado de ellos, respetuosamente, todo significado religioso (se vacía de todo lo sagrado dando lugar a la oquedad del interior, que será llenada con un hombre de carne y hueso), superando la idolatría hacia objetos ajenos al cristianismo y separando ya claramente la figura pagana de la figura religiosa o, más bien, creando la imagen profana con otros fines (catarsis, crítica social, burla, interés por homogeneizar la estética despreciando lo diferente, lo extraño…).

Es decir: lo dramático, que antes de la Edad Media estaba vinculado a lo religioso, abandona el campo de lo litúrgico y el marco arquitectónico de iglesias y catedrales, para enraizarse con lo popular y salir a la calle (Francisco Cornejo Vega. La escultura animada en el arte español. Evolución y funciones. Abdelmumin Aya. La imagen imposible. El Dios sin rostro del Islam.).

 

Manuel Caparrós Perales

Archivero Municipal de Vera

18-09-14

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