LA TOLERANCIA RELIGIOSA EN LA FRONTERA DE MURCIA Y GRANADA EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS DEL REINO NAZARÍ

Recupero un artículo sobre las conversiones religiosas en el Reino Nazarí de Granada y las relaciones entre el Islam y el Cristianismo. Se describen casos concretos de Vera, Cuevas, Huércal, etc.

(Revista Murgetana, LVII, (1980), pp. 133-143)

José García Antón

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Fue catedrático del Departamento de Historia Antigua de la Universidad de Murcia

Con frecuencia hemos oído hablar de las relativamente buenas relacio-

nes y comprensión mutua entre los miembros de las tres religiones —islá-

mica, cristiana y judía—, también de los cambios de fe entre las gentes

pertenecientes a ellas. De esto último vamos a tratar en este trabajo, en

el cual expondremos una serie de casos y los hechos a que dan lugar, los

cuales muestran unas normas de convivencia, tal vez poco conocidas, y

que ponen de manifiesto un profundo respeto a la persona y a sus creen-

cias por parte de las dos comunidades —islámica y cristiana— a ambos

lados de la frontera murciano-granadina.

Que los cambios de religión debieron tener una cierta frecuencia, lo

demuestra la existencia de vocablos, tanto castellanos como árabes, para

designar a aquellos que cambiaban su fe.

En Castilla se conoce por «tornadizo» al renegado moro que abrazaba

la fe de Cristo. Más tarde, a raíz de la conquista del reino de Granada, y

de la conversión forzosa que trajo consigo, este vocablo fue sustituido por

el de «cristiano nuevo». En cuanto al cristiano que se sumaba al Islam,

fue designado como «apóstata» y más comúnmente «renegado», aún cuan-

do también se le aplicó la voz «elche», deformación castellana de la deno-

minación árabe.

En cuanto a al-Andalus los que abandonaban su fe eran conocidos como

«murtadd», esto es, apóstatas, alejados de la fe. Por lo que cabe a los que

adoptaban la religión de Mahoma, según su procedencia, recibieron nom-

bres distintos: los que venían del cristianismo fueron llamados «cily»,

extraño a la raza árabe; los que lo eran de la confesión judaica «salami»,

esto es acogidos a la paz, al seguro, o también islamizados.

Estas mutaciones voluntarias, según se desprende de las noticias que

conocemos, fueron admitidas en el seno de ambas sociedades, las que ma-

nifestaron un cierto respeto a las decisiones, en lo que cabe a lo espiritual,

en sus miembros.

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Ya Carriazo, examinando las actas del Consejo de Jaén de 1479 (1),

encontró varios casos de cambios de religión. Así, resume, el del cristiano

que se hace moro por cuestión de seguridad, frente al de otros «elches»,

al parecer voluntarios, incluso el del «mozo que se tornó moro» y que

los de Granada piden venga su madre «aquí a Colomera» para que le con-

venza el volver a su tierra y religión, cosa que los enviados no consiguen

(2).

También cita el caso del moro que de Baza huye con dos cristianos

que estaban allí cautivos y al llegar a Quesada se hace cristiano (3).

En cuanto a Torres Fontes, en el Archivo Municipal de Murcia también

halló dos documentos referentes a la conversión de dos moros y su bau-

tismo (4).

Esto que acabamos de ver junto a lo que a continuación expondremos,

demuestra, como antes se ha apuntado, que no fue raro el paso de personas

de una religión a otra en la frontera del reino granadino.

Las fuentes que sirven de base para este trabajo son dos libros en

los que figuran las declaraciones de una serie de testigos, en su mayoría

cristianos nuevos, en un pleito sobre límites de términos entre Vera y

Lorca, comenzado en 1511, y que sigue hasta 1559, fecha en que se inte-

rrumpe debido a la sublevación de las Alpujarras, que alcanzó la comarca

de Vera (5). Estos testigos aportan una serie de noticias de interés para

el estudio sociológico de la postura adoptada por ambas comunidades ante

los casos de cambios de religión.

Varios de los testigos que declaran en este pleito, al contestar a las

preguntas que se les hacen, añaden ciertos casos sucedidos en la frontera,

en los que unas veces han sido los protagonistas, otras han estado presen-

tes o, por último, se refieren a relatos escuchados. Esto hace que frente

a las noticias, con más o menos carácter oficial, del libro concejil de Jaén,

éstas tengan la vivencia del relato directo del protagonista o testigo, al

par que su sencillez.

De entre tantos hechos de interés que nos muestran cómo se desarro-

llaba la vida en la frontera nazarí, hemos tomado aquellos que específi-

camente tratan de los cambios de religión, y sobre todo la forma de resol-

ver las dudas sobre la libertad con que fue realizado este cambio al tra-

tarse de menores o doncellas. Veremos cómo ambas comunidades exigen

que la libertad en la elección de nueva religión quede manifiesta. Esto da

lugar a encuentros amistosos entre autoridades y vecinos —castellanos y

granadinos— así como también la ejecución de determinados ritos que

dejen bien patente la expresión de la voluntariedad en el paso de una te

a otra.

El lugar o mojón que fue testigo de los hechos que se van a relatar

es el conocido hoy como el Pozo de la Higuera, caserío cerca de Pulpí,

y que en la época de referencia fue llamado Fuente (6). Este lugar se encon-

traba precisamente sobre el camino principal que unía Lorca con Vera,

siendo por tanto el de encuentro más común entre los vecinos de las dos

ciudades. Las noticias que de él tenemos, por los testigos, es de que se

trataba de un afloramiento de agua en el centro de una rambla y ai que

cortaba la línea de separación entre los términos. Dada la escasez de agua

en toda la comarca, a este lugar acudían a abrevar los ganados de las

comunidades islámica y cristiana, siendo por tanto un centro de contacto

casi permanente de pastores. Dada su situación, también sobre la vía de

comunicación entre Lorca y Vera, el comercio que entre ambas ciudades

había pasaba por él, siendo donde se cobraban el diezmo y medio diezmo

de lo morisco. También fue punto de reunión de axeas o ejeas, alfaqueques,

farautas, etc…, nombres todos con que se conocieron aquellas personas

que dominando ambas lenguas, servían de intermediarios entre las auto-

ridades y gentes de Lorca y Vera para todo tipo de tratos, especialmente

en lo concerniente al rescate de cautivos o su intercambio.

Como veremos a continuación, los encuentros que se celebraron en la

Fuente de la Higuera, demuestran todo el respeto que sentían ambas

comunidades por las decisiones, en cuanto a fe, de sus miembros. Hecho

manifiesto de la alta consideración espiritual de la persona humana que

hubo en estas últimas décadas del reino nazarí.

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Hoy que se propugna una mejor comprensión, en todos los aspectos, del

cristiano y el musulmán, su encuentro, creemos que bajo el punto de vista

histórico y humano, es del mayor interés dar a conocer cuáles fueron los

modos de relacionarse en asunto tan espinoso, cuál es el cambio de fe en

ambas comunidades. Para ello, nada mejor que aquellas noticias que apa-

recen de un modo incidental, exentas de todo interés político y religioso,

y que se limitan solamente a relatar un hecho.

Para la exposición de estas noticias haremos una sistematización de

las mismas que lleve a una comprensión más clara.

PASO DE CRISTIANOS A LA FE ISLÁMICA

Hombres

El vecino de las Cuevas Pedro Aboquedar (7), en 1528, dice que:

vio cómo un vecino de Lorca, llamado Gaytan, se vino a tornar moro

a Huércal; los de esta aldea lo tomaron para vender y le llevaron atado a

Vera; al conocer esto Hamete, cadí y justicia principal de la ciudad, en

unión de otros hombres viejos, acordaron que, pues había venido a tor-

narse moro, debía ser libertado, por lo que fue quitado a los de Huércal y

dejado ir.

…en otra ocasión, los vecinos de Huércal llevaron al justicia de Vera

a un cristiano que encontraron escondido en un cañaveral y que decía

venía a tornarse moro; ordenóles el cadí lo dejasen libre, ya que no podían

tomarle como cautivo ni venderlo.

Esta actitud de los moros de Huércal hacia los cristianos que vienen

a cambiar de fe, no debe extrañar, pues había que tener en Cuenta que,

en estos tiempos, lo que algunos testigos denominaban villa, no era más

que una fortaleza en la frontera, y sus ocupantes no eran gente nada

deseable, ya que, con el fin de que no faltasen soldados para su defensa,

aquel que cometía una muerte en el reino de Granada al marchar a Huércal

quedaba fuera de la acción de la justicia, según nos dicen numerosos

testigos.

Siendo en esta época muy codiciadas las presas humanas, bien para

mantenerlas sujetas a servidumbre o bien para cobrar por ellas sustancio-

sos rescates, la acción de las gentes de Huércal sobre los cristianos que

encontraban en su término, era el apresarles de una manera inmediata con

el fin de lucro.

Dado lo anterior, cabe la duda de si estas dos conversiones al Islam,

fueron realmente sinceras, o fue un modo de escapar a la condición de

cautivo de aquellos que habían sido sorprendidos en tierras granadinas (8).

Muchachos

Un vecino de Lorca, marcha a Vera con sus dos hijos —varón y

hembra— con el fin de abrazar el Islam. Este hecho produce la natural

conmoción en Lorca, en donde la madre ante la justicia reclama a los dos

hijos, pues según ella «el padre tenía edad para hacer lo que hacía y los

hijos no». Las autoridades de Lorca solicitan de las de Vera la devolución

de los menores, a lo que esta ciudad responde, no lo puede hacer, pero

que los conduciría hasta el mojón de la Fuente de la Higuera en donde,

ante la presencia de las gentes de las dos ciudades, elegirían la confesión

a la que querían pertenecer. Así se hizo, y los muchachos fueron colocados

junto a la Fuente, diciéndoseles que eligiesen el lugar donde querían ir.

El resultado fue que ambos decidieron marchar con su padre a Vera,

confirmando su adopción de la fe islámica.

Lo anteriormente relatado sucedió por el año 1460, según aparece en

la declaración de Juan Rael (9) en 1518, quien estuvo presente en la

Fuente de la Higuera cuando los muchachos fueron allí llevados.

Doncellas

Dos testigos, en 1518, Faxardo (10), de Tijola y Ornar (11), de

Purchena, relatan el mismo hecho con ligeras diferencias.

Por el año 1460, y siendo Ayne caudillo de Vera, ambos testigos

se encontraban a su servicio, por lo que tomaron parte en los hechos que

siguen: Un cristiano de Lorca marchó con su hija a Vera, donde ambos

abrazaron el Islam. Ella casó con un vecino de esta ciudad de nombre

Ven Xoar o Xoad —que bien pudiera ser el adalid Abenzada (12) que

Ornar menciona en otra ocasión—. Pasado el tiempo, el vecino de Lorca

se arrepiente y vuelve a tierra cristiana, renunciando a la fe islámica que

había antes adoptado. En Lorca presentó su caso al Concejo, reclamando a

su hija. Este dictaminó que siendo la hija moza, y habiéndola llevado el

padre a tierras del Islam, no se había podido «tornar mora» de una manera

voluntaria, por lo que hizo la correspondiente reclamación a Vera.

Hubo acuerdo entre ambas ciudades, las que resolvieron llevar la mu-

chacha a la Fuente de la Higuera donde se solventaría el caso. Así se hizo,

y los testigos cuentan, como llegados a ella, los caballeros de Lorca y

Vera se colocaron a ambos lados, llevando el caudillo Ayne a la joven

y poniéndola junto a la Fuente, entre ambos grupos. Allí colocada, se le

dijo que eligiese dónde quería ir, a tierras de Lorca o de Vera. Su decisión

fue volverse con su esposo a tierras del Islam persistiendo en la fe que

había adoptado. Cristianos y moros respetaron la voluntad de la joven

regresando a sus respectivas ciudades.

En el año 1550, Francisco de Tufa (13), en su declaración, relata

un hecho que escuchó a ciertos ancianos de Las Cuevas. Se refería a cómo

una doncella de Lorca fue cautivada y en Vera renegó de su fe, casando

con un vecino de la ciudad llamado Aven Xahuar —nombre que coincide

con el Ven Xoar antes citado—. Su madre la quiso rescatar, y los de

Lorca entraron en contacto con el cadí Hamete de Vera, quien, por orden

del rey de Granada, llevó la moza a la mojonera donde se partían términos

Lorca y Vera. Allí la dejaron en libertad que eligiese marchar con su

madre o su marido. Y en la misma Fuente de la Higuera, la muchacha dijo

«no conocer a su madre» marchando a Vera con su marido.

En este relato hay coincidencia en el nombre del esposo —Aven Xa-

huar— con el Ven Xoar del anterior, y también de cómo fue resuelto el

caso, pero no en las circunstancias que lo motivaron, ya que antes fue

porque la moza marchó con su padre y ahora se trata de una cautiva.

Dado que el testigo habla del relato, escuchado en 1550, de un hecho

sucedido noventa años antes, pueden caber los errores suponiendo se trate

del mismo suceso. También cabe se trate de otro distinto, habiendo una

coincidencia en el nombre del esposo.

Alonso de Mendoza (14) cuenta en su declaración, en 1518, cómo en

tiempos en que estaba en Vera al servicio del caudillo Ayne, por el año

1463 fue llevada a esta ciudad una doncella de Lorca, por un cautivo

«que se soltó», la que nada más llegar casó con su acompañante.

Según se desarrollaron los hechos, hay motivos para suponer que el

cautivo conquistó a la doncella en Lorca, la que le ayudó a escapar, mar-

chando con él a Vera.

Siendo aquellos años de paces entre las dos ciudades, los cristianos

enviaron a decir al caudillo Ayne —con el que el testigo vivía— que hicie-

se entregar a la moza porque «no era razón que aquello pasase, pues

había paces». Contestó en carta el caudillo, a los de Lorca que cierto

día él llevaría a la muchacha a la Fuente de la Higuera, donde se encon-

traría con los caballeros de aquella ciudad.

Así se hizo. En la Fuente los cristianos se pusieron a un lado y los

moros a otro, poniendo a la muchacha junto a la fuente, diciéndole podía

marchar con quien quisiese. Esta decidió marchar con su marido a Vera,

regresando a su ciudad los de Lorca.

En la declaración que presta en 1559 el cristiano nuevo Handuz (15),

de 93, años, dice que estando con su padre en Vera, y teniendo entre 12

y 20 años, cuenta el siguiente hecho que pudo suceder por la década de

1480:

En aquella época vio como llevaron a Vera una doncella cautivada

en tierras de Lorca, la cual casó con un moro de la ciudad, adoptando la

fe islámica.

Se convino entre Lorca y Vera que la muchacha fuera llevada a la

Fuente de la Higuera para que libremente eligiese su destino. Marchó allí

acompañada de su marido y otros moros. Puesta ante sus padres, les dijo

que ya era mora y que quedaba con su marido.

Con los casos expuestos queda patente una faceta, tal vez poco cono-

cida, de las relaciones entre los cristianos y el Islam en la frontera entre

Castilla y Granada. Es el respeto que en cuanto a cuestiones de adopción

de nueva fe se tiene por autoridades y miembros de las dos comunidades

aceptando la decisión de los interesados, la que en caso de menores y

doncellas ha de ser expuesta de forma que no quepa duda ante los vecinos

de Lorca y Vera.

En cuanto a las doncellas, en los cuatro casos que aparecen vemos

que su decisión es seguir al marido, renunciando a su fe católica, familia

y vecindad. Esto requeriría un estudio que abarcase no sólo la mentalidad

femenina de este tiempo, sino también la formación recibida y el ambiente

familiar en que se desarrolló la personalidad de estas cuatro doncellas que,

hemos de suponer, no serían casos únicos.

Otro aspecto que cabe tocar es el de aquellos cristianos que huyeron

de Lorca para abrazar la fe islámica y luego, al cabo del tiempo, tornaron

a su ciudad natal y a su primera fe.

Un caso es conocido —el antes relatado—, el del hombre que marcha a

Vera con su hija y luego regresa dejándola allí, reclamándola después

desde Lorca.

Lo anterior presenta el problema y la incógnita de cómo fue recibido

en Lorca, por sus vecinos, el que habiendo renunciado a su tierra y a su

fe vuelve a ellas. Su actitud y la de las justicias de Lorca no debieron

ser de animosidad hacia él, ya que al reclamar a su hija, Lorca hace lo

posible por que la recupere. Es un caso que presenta interrogantes de tal

categoría que no nos atrevemos a hacer siquiera suposiciones.

PASO DE MUSULMANES AL CRISTIANISMO

Hombres

En su declaración, en 1550, El Pupa (16) cuenta cómo un tío suyo,

llamado Hotaya, fue cautivado por los de Lorca. Al enterarse de lo suce

dido su hermano, que tenía un cautivo cristiano, fue a Vera a hablar con

el axea y preparar un intercambio. Con este motivo fueron a la Fuente

de la Higuera para negociar con los de Lorca. Allí le dijeron que Hotaya

se había hecho cristiano, con lo cual ya no había concierto posible. Años

más tarde el testigo se enteró que su tío, Hotay, había muerto, combatien-

do al lado de los de Lorca, en una entrada por tierra de Los Vélez.

En esta noticia aparece no sólo claramente el cambio de religión de

un subdito granadino sino, como además, identificado con su nueva con-

dición, lucha al lado de sus nuevos hermanos de fe.

Este hecho es digno de un análisis más detenido y que sólo apunta-

mos.

Se trata de cómo era el trato que los cautivos moros recibían en

Lorca, de su instrucción en la fe por las familias a las que pertenecían

en propiedad, y de cómo la adopción de la nueva religión debió llevar

consigo su inmediata libertad. De la sinceridad de la conversión, lo demues-

tra el hecho de que Hotaya muriese combatiendo al lado de los que fueron

sus captores y en contra de los de su antigua fe.

Doncellas

No aparece ningún caso de doncellas musulmanas que adoptasen el

cristianismo en los testimonios de las fuentes que utilizamos. Si se dio

alguno, fue omitida su mención, debiendo hacer notar no aparece incluso

en las declaraciones de cristianos viejos de Lorca.

Muchachos

En 1518, dos testigos, Avenzada (17) y Xorayque (18), relatan el mis-

mo suceso: El cautiverio de Elubreyni de la familia Aben Zadaq, por

tanto pariente del primer testigo, por los de Lorca y de cómo éste dejó

en rehenes un hijo suyo, con el fin de marchar a Vera a conseguir los

medios necesarios para su rescate. Pero, al regresar a Lorca, Elubreyni

se «tornó cristiano» y quedó allí con su hijo.

Lo anterior motivó una cierta conmoción en Vera. La madre reclamó

a su hijo, y las justicias de Vera lo pidieron a las de Lorca. Éstas, como

en casos anteriores de Vera, dijeron que un día llevarían al muchacho a la

Fuente de la Higuera con el fin de que allí hiciese patente la fe que

deseaba adoptar, en presencia de los caballeros de Lorca y Vera. Así se

hizo, y cuenta Avanzada, de cómo se trazó una raya en el suelo, poniendo

sobre ella al muchacho, colocándose a un lado los de Vera y al otro los

de Lorca. Preguntaron entonces al hijo de Elubreyni si quería ser moro

o cristiano. En respuesta, éste «dio una higa a los moros» y dijo «tomad

los de Vera que no quiero sino ser cristiano y irme con los de Lorca que

esa que ay esta no es mi madre que en Lorca tengo madre y padre que

yo no estoy moro». Tras esto, concluye un testigo, los cristianos se lo lle-

varon. Todo lo anterior según el otro testigo, Xorayque, sucedió por el

año 1460.

De toda la noticia anterior se pueden obtener ciertas conclusiones y

alguna que otra presunción. Por lo que cabe a lo primero es de destacar

la costumbre admitida de dejar un rehén, lo común un hijo, con el fin de

que el cautivo marche a su tierra para conseguir los bienes necesarios

para pagar su rescate. También el procedimiento seguido en la Fuente de

la Higuera de trazar una línea en el suelo y sobre ella colocar al muchacho

para que decida hacia qué lugar quiere marchar y por tanto la religión

que adopta. Hay también un hecho a destacar, es aquello de «dar una higa»,

como un símbolo de renuncia, que la Academia hoy da el significado de

desprecio a esta frase.

En cuanto a las suposiciones cabe, que según la frase del muchacho,

«que en Lorca tengo padre y madre», el que Elubreyni, durante su cauti-

verio, conociese a una cristiana de Lorca y estableciese ciertas relaciones

con ella, la cual quedó al cuidado de su hijo en tanto él marchaba por

bienes para su rescate, obtenidos los cuales, y al regresar y renunciar

a su fe islámica casaría con la de Lorca, viviendo con el matrimonio el

muchacho a que se refiere este hecho, el cual renuncia a su madre prefi-

riendo vivir con su nueva familia. Como vemos hay relaciones un tanto

complicadas en que una suma de factores juegan en los cambios de

religión.

De la misma forma que antes hemos visto cómo un vecino de Lorca,

después de haber abrazado el Islam se arrepiente y regresa a su ciudad

volviéndose a hacer cristiano, lo mismo sucede respecto a tierras grana-

dinas, según relata Alcamayno (19) en 1528. Se trata del regreso de un

moro de Baza «que se tornó cristiano» en Lorca, quien convenció a dos

vecinos de aquella ciudad para que le acompañasen a Huércal a cautivar

moros. Puesto de acuerdo con los de aquella fortaleza, los dos lorquinos

fueron apresados y llevados a vender a Vera.

También aquí se presenta la incógnita del motivo que tuvo el de Baza

para hacerse cristiano y después de volver a su fe primera; también nos

interesaría conocer cómo fue recibido por sus hermanos de religión, la

consideración que les mereció y si fue castigado por haber sido un após-

tata. El que engañase a dos cristianos y les llevase a Huércal con el fin

de cautivarles, pudo ser como una afirmación de su permanencia en la

fe islámica; el haberse hecho cristiano, manifestaba de esta forma, fue

sólo con el fin de poder cautivar gente de Lorca. Supuesto que queda

planteado.

Como resumen de todas las noticias anteriores, los datos que propor-

cionan quedan reflejados en el cuadro que sigue:

cuadro-islam-cristianismo

En cuanto al retorno a su antigua religión, conocemos una vuelta a

la fe islámica y otra a la cristiana, en los dos casos, hombres.

Debemos hacer notar cómo en el caso de los muchachos que cambian

de fe es porque siguen el destino de su padre. En cuanto a las doncellas

siguen igualmente a su padre o bien el cambio de religión se produce

al contraer matrimonio con un musulmán.

En todos los casos de muchachos o doncellas en que se les propo-

ne volver a su anterior religión, persisten en la nueva elegida, aún cuando

esto signifique la adaptación a un nuevo modo de vida.

Como conclusión, cabe destacar, cómo todas las noticias demuestran

un profundo respeto a la personalidad humana, en lo que a fe se refiere,

aún cuando ello signifique la contravención de normas religiosas o políticas.

Todos los datos que aportan los testigos, en este aspecto, muestran una

faceta poco conocida de cómo fueron las relaciones entre las comunidades

musulmana y cristiana en la frontera oriental del reino nazarí, en las últi-

mas décadas de su existencia. Lo que presentamos como una aportación

histórica al encuentro entre las dos religiones.

1) CARRIAZO, JUAN DE MATA: Moros de Granada en las Actas del Concejo de Jaén de 1479. Miscelánea de estudios árabes y hebraicos,

vol. IV-4, Granada, 1945.

(2) CARRIAZO, pág. 85.

(3) ídem, pág. 110.

(4) Uno de los moros fue bautizado en Toledo en 1481, tratándose al parecer de

un cautivo. El otro, en Alcalá la Real, en 1483, recibe por segunda vez las aguas del

bautismo ya que, habiendo sido apresado en su niñez, tras ser educado en la fe cristia-

na, vuelve a su tierra granadina, la que abandona para regresar a Castilla, en compañía

de otro moro, con un cristiano que

liberan.—SAEZ, E. y TORRES FONTES, J.: DOS conversiones interesantes.

Al Andalus, vol. IX, Madrid-Granada, 1944, pág. 507.

(5) Una copia de las declaraciones de parte de los testigos de este pleito obran en el

Archivo Municipal de Lorca en dos libros —encuadernados en piel de becerro—, uno

que contiene las de los testigos que aporta Vera —cuyo nombre figura en la portada—

y otro los de Lorca o «Ayal Zaxara», según aparece en varias declaraciones. Dado que las transcripcio-

nes de las voces árabes por los escribanos vienen condicionadas por su percepción de

lo cí;;uciiado al testigo, creemos podrían interpretarse estas vo.

6) Esta Fuente de la Higuera fue conocida por los musulmanes como «Ayna Cixa-

ra» cuya traducción «fuente del árbol» conviene al posterior nombre castellano.

En cuanto a su consideración como límite entre Lorca y Vera, será uno de los

conflictos que se pretender resolver en este pleito, pues mientras la scsunda ciudad

lo mantiene como tal, Lorca lo lleva a la Fuente o Charco de Pulpí o El Pulpí, unos

kilómetros más hacia Vera.

(7) VERA, folio 108 v. Testimonio, en 1528, de Pedro Aboquedar, cristiano nuevo, de 70 años, vecino y natural de Las Cuevas

(8) Este caso de fingir que un cristiano al ser descubierto en tierras granadinas

ha cruzado la frontera para hacerse moro queda patente en lo que aparece en las Actas

del Concejo de Jaén de 1479

(CARRIAZO,

pág. 112, núm. 72), cuando en ellas se cita cómo Alonso de Torrenueva —enviado por el alcaide de Huelma al reino granadino

para averiguar si los moros piensan atacar esta fortaleza—, es descubierto y hace como

si se convirtiese al Islam, regresando después a Huelma

(9) VERA, folio 90 v. Testimonio, en 1518, de Juan Rael, cristiano nuevo, de 75 años, vecino de Portilla.

(10) VERA, folio 90 r. Testimonio, en 1518, de Gómez Faxardo, cristiano nuevo de 80 años, vecino de Tijola.

(11) VERA, folio 73 v. Testimonio de Jerónimo Omar, axea que fue de Vera, cristiano nuevo, de 82 años, vecino de Purchena.

(12) En la misma declaración, Omar (fol. 73 v.) habla de cómo un adalid de Vera,

llamado Abenzada, fue enviado por el caudillo de Vera Ayne a hacer presas en los

cristianos de Lorca, con el fin de canjearlas por dos moros que aquellos habían

apresado indebidamente.

(13) VERA, folio 166 r. Testimonio, en 1550, de Francisco de Tufa, cristiano nuevo, de 75 años, vecino y natural de Las Cuevas

(14) VERA, folio 88 v. Testimonio, en 1518, de Alonso de Mendoza, cristiano nuevo de 80 años, vecino de Urracal.

(15) VERA, folio 239 r. Testimonio, en 1559, de Bartolomé Handuz, cristiano nuevo, de 93 años, vecino de Granada.

(16) VERA, folio 192 v. Testimonio, en 1550, de Francisco el Pupa, cristiano nuevo, de 95 años, vecino de Tavernas.

(17) VERA, folio 69 v. Testimonio, en 1518, de Alonso Avenzada, cristiano nuevo, de 50 años, vecino de Portilla.

(18) VERA, folio 92 r. Testimonio, en 1518, de Alonso Xorayque, cristiano nuevo, de 78 años, vecino de Portilla.

(19) VERA, folio 120 v. Te.stimonio, en 1528, de Luis Alamayno, cristiano nuevo, de 60 años, vecino de Portilla.

3 thoughts on “LA TOLERANCIA RELIGIOSA EN LA FRONTERA DE MURCIA Y GRANADA EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS DEL REINO NAZARÍ”

  1. Nos hemos quedado impresionado por la multitud de datos curiosos que desarrolláis con este artículo. Gracias a él podemos entender mucho más la historia del país o de la zona en cuestión. Lo que más nos ha gustado ha sido que a pesar de ser un tema conocido, la multitud de anécdotas, de acontecimientos…que se desconocen aun. ¡Felicidades por este fantástico artículo!

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