MI QUERIDA HOSTELERÍA: QUÉ ERAN Y QUÉ SE SERVÍA EN LAS TABERNAS

Yo casi nunca me he metido en estos menesteres, pero hay que procurar hacerlo todo. Se pueden escribir varias páginas a base de ensalzar nuestras comidas típicas y su posible semejanza con las del Norte de África y la región Murciana, pero… ¡No!

A mí me gustaría contarles, con los datos que he podido recopilar, cómo eran, qué se servía y qué función social tenían las Tabernas, Fondas, Posadas y Hoteles en el primer tercio de nuestro siglo, que thewritingessay.com escriban de la inmediata anterior a mí y de la que yo formo parte.

En el año del IV Centenario y siguiente del 1900, Vera contaba con una actividad hostelera importante. Como siempre, su situación geográfica y amabilidad de sus vecinos la hicieron punto estratégico, parada y fonda, de los comerciantes y viajeros de aquellas fechas. Prueba de ello era el nivel que alcanzamos en lo que hoy llamamos «infraestructura turística de servicios». Teníamos un gran Teatro Cervantes en el que actuaron figuras como La Sabatini, Manuel Arroyo, La Villamartín, Emelina Torres, etc.

El «puñao» de rosas

Al precio de una peseta la butaca, Sopeña y Laseca pusieron en escena entre otras «El Puñao de Rosas», «El Contrabando», «La Reina Mora», «La Alegría de la Huerta», etc…, Zarzuelas que para poder verlas hoy nos costaría una butaca de 2000 a 3000 pesetas.

En nuestro Teatro (fue un error no recuperarlo en su día), el 26 de agosto de 1907 se dio una función de cine precedida de un espectáculo de contorsionismo, más o menos como actúan muchos artistas hoy en día de los que algunos después alcanzan la cima de la fama.

Nuestras famosas corridas de toros de San Cleofás también servían para atraer a aquel incipiente turismo y de válvula de escape para tantos tratantes, marchantes y ganaderos que acudían a la célebre Feria de Ganados, en los Cuatro Caños, hoy perdida por el cambio de vida. Torearon en nuestra plaza Pastoret, Vaquerito, Blanquito, Belmonte II, etc., que eran diestros de reconocida fama en su época.

También contábamos con bastantes Posadas y Pensiones. Después vendrían los Hoteles que muchos hemos conocido. Lo usual entonces era el transporte de viajeros en coches de caballos y las mercancías en carros. Para aquellos una Compañía (Agencia de Viajes) «Los Alcázares» que estaba detrás del actual Club de la tercera edad. Lógicamente tenía que haber una fonda al lado para los viajeros, y allí estaba la del «Tío Cánovas», suegro de Enrique Alonso, de tan grata memoria. Las Posadas eran para los transportistas autónomos de vinos, cereales, productos de primera mano, ganado y vendedores ambulantes de mercados.

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En las Fondas, que tenían ocho o diez habitaciones de una, dos, tres o cuatro camas, según circunstancias, que podía comer y cenar con mantel. Siempre se tenían uno o dos primeros platos fuertes como los gurullos con conejo, arroz con pollo, olla de col, etc. Las tortillas, huevos fritos, bacalao frito, el lomo de orza y algún pescado de la mañana hacían de segundos platos. No obstante, para los delicados, se tenía a mano alguna sopa de cocido o un caldo de huevos.

Si estaba la Fonda de Cánovas al lado de una «agencia de viajes», también tenía que haber otra al lado del mercado. Por eso Juan Burgos, con su visión de entonces, tenía su fonda al lado de la plaza de Abastos (¡Qué lastima de Escudo!: «Reinado Carlos III, siendo ministro de Hacienda el Conde de Floridablanca, etc.»), y enfrente la Taberna y Zapatería de Rodrigo el Crespo, que fue de Antonio Baraza durante un tiempo.

De Posadas abundábamos. La de Mergüizo, la del Mojaquero (las dos juntas formaron después el Hotel España), a donde venían mujeres de Mojácar a recoger ropa para lavarla allí, la del Fraile (por donde tuvo el Garaje Márquez), la del Tío Damián el seco, la Currucanta, la del Tío el Caíto, la Garrapiña (también la Estrella) y alguna otra. En éstas se servían pipirranas, pollos o conejos al ajillo o en arroz y alguna otra cosa más. También se hacía «Aletría», que eran unos fideos con carne. Normalmente se dormía al lado de las caballerías en jergones de borra o de porrón y un café de cafetera de carbón porque se desayunaba o almorzaba en el camino.

Las tabernas jugaban también un poco su labor social. Muchos señoritos a la hora del vino se liaban con los menos pudientes y echaban sus jarros y cuartillos en tertulias reducidas con algún garbanzo torrado, aunque estas cosas salieron un poco después y que al principio era a palo seco.

Y ya está bien. Queda mucho por comentar y más en profundidad. Ya seguiremos.

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Antonio Carmona Gallardo. Hostelero

La Voz de Almería. Especial V Centenario de las Capitulaciones de Vera (1488-1988)

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