PATANOS Y RABOTES

Artículo de Miguel Flores González-Grano de Oro, recuperado en el año 1990 por Juan Grima Cervantes, editado en El Censor el 17-06-1933.

El artículo que hoy vamos a comentar salió a la calle el 17 de junio de 1933, o sea, hace 57 años. Con el mismo, su autor quiso acercarse a la efemérides de la Conquista de Vera del 10 de junio de 1488, y de paso sacar a relucir un aspecto socio-antropológico de la historia de la comarca.

El periódico en cuestión era EL CENSOR, un semanario que se publicaba en Cuevas del Almanzora, y que se mantuvo en el candelero a lo largo de seis años. En concreto, hizo su aparición el 1 de julio de 1930 y llegó a tirar un total de 161 números, hasta que dejó de publicarse unos días antes de iniciarse la Guerra, el 14 de julio de 1936. En el mismo colaboraban de forma asidua la mayor parte de los prohombres de la intelectualidad de la comarca: como el lorquino Francisco Cáceres, el escultor Salvador Latorre, el arqueólogo Juan Cuadrado Ruiz, los poetas José María Álvarez de Sotomayor y Miguel Márquez, los periodistas Federico de Mendizábal y José Naveros Burgos, e historiadores y eruditos como Joaquín Santisteban, y Gregorio José Bernabé y Soler.

Sin embargo, aparte de don Diego Soler Flores, director de este semanario, probablemente la persona que más se volcará y luchará por la subsistencia y prestigio del mismo va a ser el historiador y comediógrafo cuevero don Miguel Flores González-Grano de Oro, que es también el autor del artículo que hoy traemos a la palestra (1). En honor a la verdad hay que señalar, que posiblemente éste, junto con don Miguel Bolea y Sintas y Eusebio Garres y Segura, vengan a formar el trío de investigadores que más han estudiado y profundizado en la historia de Vera.

MIGUEL FLORES GONZÁLEZ-GRANO DE ORO OK

Efectivamente son bastantes los trabajos que Miguel Flores realizó sobre Vera, a pesar de su nacimiento en el pueblo rival de Cuevas. Así dejó un libro inédito, hoy perdido, en colaboración con el veratense Juan Antonio de Meca, titulado “Nuestra Señora de las Angustias, excelsa compatrona de la M.N. y M.L. ciudad de Vera”.

Junto a éste, publicó varias series de artículos; en concreto, 6 artículos en el periódico quincenario LA REGIÓN DE VERA bajo el epígrafe “Historia de la M.N. y M.L. ciudad de Vera” que salieron en el diario EL HERALDO DE ALMERÍA. Pero este cómputo no está cerrado todavía, porque no existe un inventario completo de los trabajos que publicó, ni se ha indagado en todos los periódicos locales y provinciales de entonces, ya que la mayoría se encuentran perdidos.

El artículo “Patanos y Rabotes”, que podrán leer más adelante, intenta reconstruir en primer lugar la toma de Vera por los Reyes Católicos, cayendo este autor en la trampa de seguir casi al pie de la letra la versión novelada escrita por Ginés Pérez de Hita, lo que le lleva a algún error, como el de creer que el último alcaide moro de Vera fue Malique Alabez.

La segunda parte del trabajo está dedicada a buscar el origen de la tradición existente en la comarca de llamar a los habitantes de Cuevas de Almanzora “rabotes” y a los de Vera “patanos”. La hipótesis planteada es bonita, original y nada descabellada, lo que no quiere decir que comparta completamente. Ahora bien, los fundamentos históricos están perfectamente justificados por Miguel Flores: los Reyes Católicos mandaron expulsar de Vera a sus habitantes moros, con lo cual muchos de estos pasaron a vivir a Cuevas y Portilla. Es muy probable que desde entonces se dieran constantes enfrentamientos entre Vera y éstas, de lo que dan prueba bastantes documentos. Piénsese, por ejemplo, que los veratenses repobladores van a ser los propietarios de unas tierras que han sido confiscadas a la fuerza por derecho de guerra, y que sus antiguos tenedores o poseedores van a estar muy cerca, en el término de Cuevas y bajo la protección del conocidísimo marqués de los Vélez.

Lo que choca un poco más es que esta común animadversión entre los dos pueblos no cesará en 1570 tras la expulsión de los moriscos, o que no se haya llegado a plantear al respecto a lo largo de tanto tiempo ningún contencioso en los que aparecieran estos motes, puesto que de existir podríamos conocer las raíces más lejanas de estos hechos, aunque no se puede descartar que un día nos tropecemos con alguna referencia en alguno de los muchos documentos que guarda el Archivo Histórico de Vera.

En fin, son sólo dudas. Lo cierto es que la tradición es tan fuerte que todavía permanece en pie, aunque gracias a Dios ya no tiene los conatos belicosos ni el fanatismo que antiguo. Por eso, este artículo de Miguel Flores siempre me ha gustado, porque por un lado, ha servido para relajar una extraña pasión que enemistaba con frecuencia a los dos pueblos, y, por otro, ha supuesto el primer intento de buscar a este fenómeno comarcal una explicación histórico-sociológica, que es en realidad lo que casi siempre subyace en el fondo de todas las tradiciones.

[He aquí el artículo:]

el censor patanos y rabotes sepia

EL CENSOR, Periódico Independiente. Cuevas del Almanzora, 17 de junio de 1933.

“PATANOS Y RABOTES” Efemérides históricas. 10 junio 1488.

Por caer dentro del mes en curso voy a tratar de un hecho de gran trascendencia para esta región, ocurrido hace 445 años cual es su reconquista por los Reyes Católicos. Prescindiendo de los relatos generales que pueden encontrarse en los diferentes historiadores que de él se han ocupado, procuraré hacer relación de algunas noticias que, no por poco conocidas, son menos dignas de que las tenga en cuenta quien pretendiese hacer en su día una relación completa y detallada de la campaña, poco estudiada todavía, que en el año 1488, hizo el ejército castellano en esta parte del reino de Granada, apuntando de pasada algunas consideraciones propias que en mis observaciones se sugieren.

Los católicos soberanos reunieron en Murcia su gente de armas y el 5 de junio de 1488, partió el ejército con don Fernando hacia la ciudad de Lorca, quedando en la capital doña Isabel. La marcha fue rapidísima porque no se presentaron obstáculos de ninguna clase. Cascales dice que acompañaron en aquella expedición el duque de Alburquerque, el marqués de Cádiz, los condes de Ledesma, Santisteban, Castro, Cabra, Monteagudo y Buendía, el maestresala Garcilaso de la Vega, el adelantado de Castilla Pedro López Padilla, el de Murcia don Juan Chacón, y multitud de caballeros. La demostración de este ejército caminando hacia Medina Bahira fue bastante para que ésta capitulase. El rey don Fernando destacó una vanguardia de quinientos caballeros a las órdenes del marqués de Cádiz y del conde de Cartagena que se adelantaron desde Lorca para ponerse al habla con el enemigo. Estos caballeros situaron su campamento cerca de Vera en el sitio que se llama desde entonces “El Real” porque allí plantó su tienda de campaña, días después, don Fernando de Aragón. Los moros quisieron hacer la entrega al rey en persona, y para ello, el 10 de junio, salió el alcalde Mahomed Malik al-Abez con los notables de la población caminando hasta la fuente de Pulpí, donde ofreció las llaves de la ciudad e hizo acto de pleitesía a su Alteza. Al Campamento vinieron al alcaides de muchos pueblos del rio Guadi Bahira y de las Sierras de Filabres y Lúcar a rendir obediencia y vasallaje, y allí ocurrió, según afirma el Doctoral Bolea y Sintas que leyó en un expediente de deslinde y amojonamiento de los pueblos del río Almanzora, que se hizo en 1518 y se conserva en el Archivo de Lúcar, y no en Baza como asevera don Modesto Lafuente, aquel famoso dicho del anciano Alí-Ben Fakar, alcaide de Purchena, que llamó la atención del monarca, por su venerable prestancia, hasta el punto de ofrecerle gracia, a lo que contestó:

-“Señor la quiero para los que quedan en aquel pueblo, llorando el infortunio a que los llevó, no falta de valor, sino sobra de desgracia; para mí sólo la venia de V.A. Para pasarme al África y llorar, los pocos días de mi vida, la ruina de mi patria”.

Fue Mahomed-al Abez, el último alcaide moro, y lo bautizó el Obispo de Plasencia don Gutierre de Toledo, siendo padrinos don Juan Chacón y su esposa doña Luisa Fajardo, condes de Cartagena.

Escribo así este nombre por considerarlo más correcto. Los historiadores españoles escriben Malique Alabez, pero “Malique” es la corrupción castellana de “Malik” y la palabra “Alabez”, está compuesta del artículo “al” y del apellido “Abez”, como lo prueba que los descendientes moriscos del caudillo que tratamos, avecinados en Vélez Rubio usaron solo de sobrenombre “Abez”: tres de ellos se llamaron respectivamente Álvaro, Luis y García Abez de Ábalos.

El primer alcalde cristiano que Vera tuvo, fue el maestresala de don Fernando, Garcilaso de la Vega, a cuyo cuidado quedó la plaza con todos los lugares de su término, a excepción de las Cuevas y Portilla, de los que se nombró para alcaide de su fortaleza al continuo en la Corte, don Juan de Benavides, que debió morar poco en el lugar, ostentando la alcaldía más bien a título honorífico que como cargo efectivo.

La principal condición de la rendición de Vera fue que los moros y judíos habían de abandonar el recinto de la plaza para ir libremente donde les cuadrase, pudiendo establecerse en las aldeas de término si les conviniese así. Esta medida contribuyó al incremento del vecindario de los lugares de Cuevas y Portilla, donde se presentaron muchos veratenses, porque, hallándose junto a los pagos que riega el Almanzora, eran sitio cómodo para continuar el cultivo de sus heredades.

En quedar habitada Vera (de “al-gar”) solo por cristianos y Cuevas por muchos de los moriscos y judíos expulsados de aquella ciudad, debe buscarse el origen del antagonismo que ha existido hasta el pasado siglo, entre el vecindario de ambas poblaciones y que felizmente el progreso ha ido borrando.

Teniendo los muros de Vera como presidio quedaron de guarnición los nuevos pobladores, a quienes repartieron casas y suertes de tierras: en Vera se avecinaron muchos soldados, y estando compuesto el núcleo principal del ejército cristiano de campesinos llamados vulgarmente en Castilla “petanes” -aldeano rústico, hombre zafio o ignorante-, los habitantes moriscos de las Cuevas y Portilla, más instruidos y adelantados en las prácticas industriales y agrícolas, darían, indudablemente por el odio a los que les habían despojado y disfrutado de sus casas y haciendas, en adjetivarles por derivación “patanes”, mote al que los veratenses cristianos responderían calificando despreciativamente a los cuevanos de “rabotes”, tal vez corrupción de “rabinos”, atribuyendo a todos ellos, faltando a sabiendas a la verdad, un origen semita que estaban muy lejos de tener, y que repugnaba por igual a los nuevos pobladores cristianos (entre los que vinieron muchos segundones de hidalgas familias lorquinas) y a los aborígenes mahometanos.

Después de la reconquista, la dependencia más bien nominal que efectiva, de los lugares de Cuevas y Portilla a la cercana ciudad de Vera, solamente duró quince años. En el 1503 queriendo los Reyes Católicos incorporar a su Corona la plaza de Cartagena, que pertenecía a don Pedro Fajardo por herencia de su padre don Juan Chacón, le impusieron la permuta de la citada ciudad por las villas de Vélez-Blanco y Vélez Rubio, y los lugares de las Cuevas y Portilla, según Real Provisión expedida por doña Isabel I, en Madrid a 24 de julio de aquel año, y desde aquella fecha, la hoy ciudad Cuevas del Almanzora, no ha vuelto a formar parte del territorio de la antigua taha de Medina Baira, nombre que los invasores castellanizaron libremente por la ciudad de Vera, -Vera de Bidasoa o de Navarra les era más familiar-, porque sus señores jurisdiccionales, los nobles marqueses de los Vélez, establecieron en su villa de Mula (Murcia) la capitalidad de tan dilatados estados, de los que ya en 1661, formaban parte las villas de las Cuevas y Portilla como uno de los más ricos y preciados florones de su corona nobiliaria.

  1. Sobre don Miguel Flores González, Grano de Oro, puede verse para conocer otros datos de su personalidad, la biografía que sobre él realicé en el Estudio Preliminar del libro: Historia de Garrucha, Almería, 1989, pp.IX-LII.

Miguel Flores González-Grano de Oro

Cronista de la ciudad

El Censor, 17-06-1933

10 de junio de 1933

Juan Grima Cervantes

juan grima cervantes

Noticias sobre Vera aparecidas en la prensa antes de la Guerra Civil

Revista Vera 30, nº 5, mayo-junio 1990

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.