LA AMISTAD

Valga esto que escribo, con todo mi afecto y aprecio, dedicado a mis amigos de siempre y de toda la vida. Ellos saben quiénes son y yo,…dónde se encuentran.

Forjar una amistad y mantenerla firme e intacta durante toda una vida, muchas veces, nos debe hacer pensar sobre los férreos cimientos que la mantuvieron incólume, es decir, analizar sus causas últimas o buscar el porqué de esa estrecha relación.

Este pensamiento que acabo de hacer, por supuesto, me retrotrae a mi época de estudiante cuando, cursando estudios en la Escuela Normal de Magisterio de Almería, mi prócer e insigne profesora de Filosofía, Dª Concha Zurita, nos ilustraba con sabiduría y erudición, en disciplinas tales como Metafísica y Ontología. La primera se ocupa de investigar la naturaleza, estructura y principios fundamentales de la realidad: ser, existencia, objeto, propiedad, relación, tiempo y espacio. La segunda, explora el ser y sus propiedades transcendentales.

Ahondando sobre lo dicho, Dª Concha, con magistral estilo, nos inducía a hacer ejercicios de introspección sobre temas puramente filosóficos, cual es el caso del título que me ocupa en este artículo y, por supuesto, siempre, dentro de las relaciones humanas en el espacio y tiempo.

Según el diccionario de la RAE, la amistad es el afecto personal puro y desinteresado compartido con otra persona que nace y se fortalece con el trato.

Pues bien, para situar mejor al lector, es mi propósito, ahora que esto redacto, hacer un ejercicio de reflexión sobre cómo una amistad se hace desde la más tierna infancia hasta el momento presente sin que haya habido el más mínimo ápice de erosión o desgaste; más bien, todo lo contrario: se ha acrecentado con solidez y cohesión. Creo que, profundizando en este pensamiento, la consecuencia que extraigo es la convergencia, pasando por los estadios de la vida, en el aprecio a la integridad moral del individuo.

Amigos tengo en los que siempre vi sinceridad, nobleza y lealtad extrema, además de poseer valores y principios éticos que dicen mucho de ellos como mérito al ideal de persona. Nos vemos de vez en cuando y por separado; pero, cuando esto ocurre, además de hablar sobre temas de actualidad, nos retrotraemos a tiempos pasados y, como decía al principio, sin darnos cuenta, buscamos las causas últimas de esa sólida amistad vista desde la evocación de situaciones anteriores, es decir, la reconstrucción de nuestras vivencias. También, cómo no, el deseo de vernos, el sentirnos felices por el solo hecho de encontrarnos, el compartir nuestras cuitas como propias, el hablar y sentirnos cercanos, el pasear o tomarnos un café y estar una o dos horas oyéndonos…, nos llena de alegría el corazón.

Para finalizar, como moraleja, decir lo difícil que es abordar la palabra amistad, idea esta que, muchas veces, a la ligera, la ponemos en nuestra boca sin apreciar el sentimiento y calado profundo que la misma conlleva y encierra.

Diego Morales Carmona
Diego Morales Carmona

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