Hay un lugar en Vera que despierta gran devoción entre sus vecinos: la ermita de la Virgen de las Angustias.
Gabriel Flores Garrido
Cronista Oficial de Vera
Hay un lugar en Vera que despierta gran devoción entre sus vecinos: la ermita de la Virgen de las Angustias. Recuerdo ver de niño que al pasar por su puerta, unos de manera sentida, otros por costumbre, se santiguaban, pero todos lo hacían con evidente reverencia. Yo, desde mi corta edad, repetía el gesto imitando a los mayores.
En esa pequeña capilla, donada por Dª. Antonia Leonés de Guevara, esposa de D. Luis García Cueto y Ponce de León, se custodia y da culto, desde 1717, a la imagen de la Patrona de la ciudad, titular de la Muy Antigua, Ilustre, Venerable y Patronal Hermandad de Nuestra Señora la Santísima Virgen de las Angustias que, como se hace mención en uno de los documentos del Patronazgo, representa a una Dolorosa.
La imagen, de la que se desconoce su autor y fecha de ejecución, es una talla barroca de la escuela de la imaginería granadina. A lo largo de su prolongada vida ha sufrido los deterioros propios del tiempo transcurrido, pero siempre se ha sabido recuperar su aspecto y mantener viva la devoción por ella.
En 1806 se vive una situación extraña por lo inusual del hecho; cargos directivos de la Hermandad, que existía desde 1680, tomaron una triste decisión para ellos, pero que hizo la felicidad de algunos veratenses: la Junta de Gobierno suspende los cultos y propone sacar la imagen de su ermita para preservarla de los daños que podría sufrir en caso de que se desplomara el techo, que amenazaba con caer. Por decisión del secretario, Antonio Narciso Navarro, se inició una campaña de donaciones para paliar el mal estado de la capilla. Hasta que fue posible su rehabilitación los veratenses pudieron recibir la imagen en sus casas por turnos establecidos y períodos limitados.
Este “peregrinar” de la Virgen hiere la sensibilidad del secretario de la Hermandad que expone su indignación por permitir que “la Efigie de Nuestra Señora y las, demás de la Cofradía anden rodando indecentemente por las casas particulares donde tienen la bondad de recogerlas”. Sin duda, exageraba, porque nadie puede creer que una imagen tan venerada por los veratenses no fuera custodiada con el mayor decoro, respeto y devoción. Posiblemente, su intención fuera espolear a los vecinos y así acelerar la reconstrucción del templo. Malos tiempos para pedir sacrificios económicos, con la ciudad empobrecida por malas cosechas y habiendo sufrido recientemente una devastadora epidemia de fiebre amarilla.
El 7 de junio de 1891 la situación cambia radicalmente al comunicar el alcalde, Bartolomé Soler Clemente, que “tiene la honra y satisfacción de exponer con grande júbilo a este Municipio que ha sido resuelto satisfactoriamente el expediente formado por este Ayuntamiento, declarando a la Santísima Virgen de las Angustias como Patrona principal juntamente con san Cleofás”, tal y como eran los “deseos y aspiraciones de esta Corporación, del Clero y del vecindario en general”. El Pleno Municipal acuerda por unanimidad celebrar el día de la Patrona el 10 de junio, aniversario de la reconquista de la ciudad; y así quedó recogido en el acta correspondiente: “ese día y en los sucesivos, tenga lugar la celebración de la festividad de Nuestra Señora de las Angustias”.
En ese mismo Pleno del 7 de junio se dio lectura al comunicado expedido por D. Eduardo Rodrigo Sanz, canónigo lector de la Catedral de Almería, en el que se certifica que “procedente de Roma, en que se firmó con fecha catorce de febrero del presente año se recibió en esta Secretaría de la Cámara un […] de la Sagrada Congregación de Ritos, elevando a Ntra. Sra. de las Angustias al título de Compatrona de la muy noble, muy decidida y leal Ciudad de Vera”. Actuó en Roma como cardenal ponente D. Luis Serafini de la Sagrada Congregación de Ritos que “aprobó la citada elección y estableció a Ntra. Señora de los Dolores, vulgarmente dicha de las Angustias, como Patrona principal de la indicada Ciudad de Vera, juntamente con San Cleofás”,como ya había comunicado el alcalde al Pleno Municipal. Para completar las formalidades, que el caso requería, quedó constancia en la Sesión Capitular de ese día siete el Vº Bº dado el 2 de junio de 1891 por el obispo de la Diócesis.
Para dar un carácter permanente a la celebración, el Consistorio programó actos con la intención de que tuvieran lugar anualmente a fin de convertirlos en “inveterada costumbre”. Pese a la escasez de farolas de gas que había repartidas para el alumbrado público, se hizo un esfuerzo para que la noche del día 9 de junio de 1891 se iluminaran “la plaza y los establecimientos públicos, así como las fachadas de esta población, adornándose la plaza de la mejor manera posible”. El alcalde dispuso que la imagen estuviera suficientemente iluminada durante todos los actos celebrados, disposición innecesaria de la alcaldía, puesto que la Virgen siempre lo estuvo, desde muchos años atrás, de forma casi permanente, como lo prueba el elevado gasto en aceite y cera para, como dice una partida del libro de cuentas de 1799, “alumbrar constantemente a la soberana imagen de la Virgen en la capilla”.
El gasto por el pago de la cera de la imagen se repite anualmente, hasta que, en 1905, el hermano mayor de la Hermandad, Francisco Montoro Reyes, colabora económicamente para que fuera posible la instalación de la luz eléctrica en su ermita y, Francisco Enciso Prieto, administrador de la compañía de electricidad en Vera, se ofrece para pagar los materiales necesarios y el consumo de la luz que, además de a la Virgen, iluminaría el Viernes Santo a un Crucificado que se encontraba en la capilla de nuestra Patrona.
Con el pago de 363 pesetas, importe de los gastos originados “con motivo del expediente formado en Roma para la declaración de Patrona”, quedan concluidas y atendidas todas las diligencias requeridas. Una vez cumplidos los trámites necesarios, el 7 de junio de 1892, en sesión plenaria del Ayuntamiento, a propuesta del alcalde Diego Orozco Rosa, y para hacerla coincidir con la toma de la ciudad por los Reyes Católicos en 1488 “se acordó celebrar el día diez del actual mes una función en honor de Nuestra Señora de las Angustias, Patrona de esta Ciudad, sacándola procesionalmente y que haya durante dos días iluminaciones”; quedaba formalizado, así, lo dispuesto el año anterior, confirmando la intención de “inveterada costumbre”, que ya hemos mencionado. Se acababa de institucionalizar la festividad de la Patrona y los festejos que en torno a ella se celebrarían.
Se hizo tradicional que la Banda Municipal de Música recorriera a las 5 de la madrugada del 10 de junio las calles de la ciudad “tocando diana en demostración de la festividad del día”, y que a las 8 de la mañana de ese día el Ayuntamiento recibiera al clero en el Salón de Plenos, colocando la Santa Bula del patronazgo bajo el dosel que allí había, para, una vez adornada por las Hijas de la Caridad, llevarla en procesión bajo palio hasta la ermita de las Angustias volviendo, ya acompañados de la imagen, “a la Iglesia Parroquial, donde se celebrará el Santo Sacrificio de la Misa y predicará el párroco de la Ciudad”. Por la tarde, la Virgen sería conducida de nuevo a su capilla. De este modo se desarrolló el primer día de su declaración como Patrona de Vera.
La noche del 9 de junio y las dos siguientes se organizaron festejos, bailes y diversos actos alrededor de esta efeméride. Concluida la celebración, el Ayuntamiento pagó a José Antonio García Rodríguez 192,75 pesetas por los gastos de iluminación y gestión, y 150 a Francisco Orozco Gómez por 30 blandones de cera para la procesión. Las autoridades no se prodigaron en el presupuesto destinado para una ocasión como esta, considerando que ese mismo año solo el gasto de los fuegos artificiales de la feria de San Cleofás se elevó a 250 pesetas o las 138,75 destinadas al día del Corpus, si tenemos en cuenta de que en ambos casos se trataba de actos de un solo día y momento puntual.
El Consistorio seguía trabajando en poner cimientos que dieran solidez a tan reciente celebración y, tal vez por temor a que se fuera diluyendo, el 29 de abril de 1895 las autoridades municipales proponen que se conmemore “con toda solemnidad la función que anualmente viene teniendo lugar en los días diez al catorce de junio”, imprimiendo programas de actos y grandes carteles que fueron distribuidos en toda la provincia, además de en las de Granada y Murcia.
La Virgen de las Angustias fue coronada canónicamente en 1925. El diseño de la impuesta en aquella ocasión fue obra de Juan Cuadrado Ruiz; por ello, a lo largo del pasado año y de este 2026 tuvieron, y tendrán lugar, una serie de actos que forman parte de un ambicioso programa para conmemorar los 100 años de tan importante efeméride. Esa pieza de la joyería orfebre desapareció durante la guerra civil y, en 1973, D. Juan Fernández Marín, párroco de la ciudad, le impuso una réplica de la perdida casi 40 años antes, realizada por suscripción popular, como también lo fue la original. La imagen recuperaba así su corona.
Durante 132 años se ha estado celebrando esta procesión, posiblemente siguiendo el mismo recorrido conocido. En el 2024, con la acertada decisión de que la Patrona se mostrara a todos los vecinos y su figura recorriera otras calles de la ciudad, se modificó su itinerario secular.
Ese 10 de junio del 2024, viendo a la Virgen de las Angustias bajar el “Barrio de Jesús” (calle de San Ramón), quise captar su imagen porque tuve la sensación de que tanto esa, como todas las instantáneas que quedaran plasmadas en ese momento, y las tomadas en las calles del Sol y de la Plata, que se agregaron a ese nuevo recorrido, formarían parte de la historia de la procesión de Nuestra Patrona: hasta el año 2024 no habíamos conocido otro itinerario que el habitual, de más de un siglo. Entonces, pensé: “no sabemos si ya lo ha hecho, ni si se volverá a repetir, pero, en todo caso, este momento, el del este año, siempre será el primero para los que fuimos testigos de ese nuevo recorrido”.


