DEL FOLCLORE VERATENSE. LEYENDAS, TRADICIONES Y COSTUMBRES TÍPICAS

Primer Premio del certamen patrocinado por el Excmo. Ayuntamiento de Almería.

Carmela Batlles Ferrera de Núñez.

Extraído del libro de la Feria de Vera de 1966.

Son tantas las costumbres, reminiscencias, supersticiones, tradiciones, leyendas, etc., que desde tiempos prehistóricos, inclusive, se conservan en nuestra comarca, que podrían escribirse libros enteros donde se recogieran tantas y essaysbuy tantas curiosidades folklóricas.

Las limitaciones de espacio impuestas a nuestro trabajo nos impide abundar en detalles al relatar algunas de estas manifestaciones populares. Empezamos por una de las más extendidas y «creídas» en la comarca.

LA LEYENDA DE LA PANDORGA* DEL ZORZO

Érase por el año 1570. Las huestes de Felipe II, acaudilladas por don Juan de Austria, habían reprimido la sublevación de los moriscos de la Alpujarra. Un grupo de éstos, sin embargo, dirigidos por Abén-Humeya, había quedado a retaguardia de las tropas españolas y en lo más intrincado del terreno comprendido entre Vera y Cuevas, cuya zona hicieron teatro de sus innumerables fechorías.

Dice la leyenda QUE EN LA NOCHEBUENA del mencionado año 1570, en el cortijo denominado de «La Fuente del Zorzo» hallábanse reunidos un matrimonio de edad avanzada con una nietecita huérfana y dos hijos gemelos. Estos, soldados a las órdenes inmediatas del Marqués de los Vélez, hacía sólo unas horas habían llegado a la casa con licencia de Navidad. Celebraban la nochebuena aquel año con la más sana alegría por tener a su lado, después de larga ausencia, a los dos hijos de su corazón. Mas apenas terminada la cena y cuando pandorgas, castañuelas y villancicos ponían en la sencillez de aquella humilde morada la más regocijante nota de cristiana alegría, HACIA EL FILO DE LA MEDIA NOCHE los bandoleros de Abén-Farax irrumpieron en el cortijo pasando a cuchillo a sus moradores. Y es fama en toda la comarca que, desde entonces, todos los años, de Septiembre a Navidad, LA PANDORGA DEL ZORZO TOCA SOLA.

[*bandurria o zambomba según María Moliner]

«LOS MELLIZOS» DEL ESPÍRITU SANTO

Hay en las cumbres del cerro del Espíritu Santo dos enormes peñascos que por efecto de la acción erosiva y denudadora de las aguas han quedado tan desprendidos del terreno que sólo a milagro se atribuye su estabilidad en las alturas. La calenturienta imaginación popular tiene forjada sobre estos peñascos desde tiempo inmemorial la siguiente curiosa leyenda:

«Éranse dos jóvenes enamorados con la más pura y vehemente pasión, que gustaban de pasear por las laderas del Cerro en los serenos atardeceres. Mas he aquí que la madre de la joven enamorada sentía odio irreconciliable hacia el cortejador de su hija, y habiendo un día subido los enamorados a lo más alto del Cerro y hallándose extasiados en el más poético idilio amoroso, una maldición fulgurada por la madre dejó encantados y convertidos en piedra a los infelices enamorados. SON LOS DOS PEÑASCOS DE LOS MELLIZOS- dice el sentir popular, y aseguran las gentes de por allí que en los crudos atardeceres del triste invierno, cuando el cierzo sopla y la noche va cobijando el Cerro con su manto de misterios y de temor, LAS SOMBRAS DE LOS ENAMORADOS DEAMBULAN POR LAS CUMBRES UNIDAS EN AMOROSO COLOQUIO.

LOS «NANOS» DE LA CUESTA DEL ZORZO

Es el paraje llamado del Zorzo el más apartado y solitario de cuantos existen en esta comarca. Desfiladeros, hondonadas y barrancos, casi en perpetuo estiaje, se suceden en grandes extensiones sin encontrar una sola vivienda humana. Un silencio de pavor y de misterio reina en el paraje donde «ni las aves anidan» y sólo las alimañas se escurren entre los matorrales al paso del «atrevido» viandante. Dos olivos casi milenarios, plantados a escasa distancia uno del otro, guardan la entrada al desfiladero que permite el paso al viejo camino o vereda que une los pueblos de Antas y Cuevas. Los retorcidos troncos de los añosos olivos han creado en la fantasía de los campesinos mil formas de duendes, fantasmas, muñecos, enanos, etc., asegurando las gentes que cuando alguien, después de la caída de la tarde, osa tomar el camino, al llegar a la altura de los olivos, dos enanitos de ínfimas proporciones descienden de sus viejos ramajes llevando sendos látigos. Entrado el caminante al desfiladero, es seguido de cerca por los pigmeos que poco a poco van creciendo hasta alcanzar colosales dimensiones. Pero he aquí lo más curioso e interesante: «si el caminante es bueno y honrado le siguen en ademán desprotegerle, mas si es pendenciero y valentón, una lluvia de latigazos caerá sobre sus espaldas hasta alcanzar al pobre caminante molido y maltrecho».

COSTUMBRES VERATENSES EN LA NOCHE DE SAN JUAN

Desde tiempo inmemorial se celebra en Vera la «Noche de San Juan Bautista» con mucho ruido, y se practican costumbres que tienen un marcadísimo sabor local. En la tarde del 23 de Junio, a la puesta del sol, se organizan las famosas «serenatas a los Juanes». Consisten éstas en grupos numerosísimos de muchachos y muchachas de todas las edades, que, portando caracolas, castañuelas, chicharras, flautas, sobre todo, TAPADERAS -«instrumento musical» el más común en manos de la endiablada chiquillería- recorren las calles de la población originando el más infernal y ensordecedor ruido, que se prolonga hasta la media noche, en que ya sólo se oyen los grupos de mozos y mozas que, acompañándose de guitarras y bandurrias, entonan canciones y romances típicos de la NOCHE DE SAN JUAN hasta llegar a la fuente de LOS CUATRO CAÑOS donde mozos y mozas beberán nueve sorbos seguidos de sus frescas aguas elevando la mirada a las estrellas el primer nombre que acuda a su mente será el de su futuro amor.

OTRA ORIGINAL COSTUMBRE.-Es de fe en nuestra comarca que el Santo conceda en esta noche cuantas gracias se le pidan siempre que se cumplan determinados ritos o ceremonias. Una de estas consiste en llevar a los niños herniados a la cabriguera [cabrahiguera]. Los familiares de la criatura (entre los cuales ha de encontrarse un Juan y un Pedro) seguidos de grupos de mozos y mozas que tocan y cantan, se dirigen al campo de busca del «salutífero árbol». Llegados a él, cesan las canciones y, en medio del mayor silencio, tomando Juan al niño lo levanta hacia el cielo mientras una vieja impetra del Divino Poder sus gracias y bendiciones. En seguida Juan quiebra un tallo tierno de la cabriguera y entrega el [sic] niño a Pedro, mientras se cruza entre ambos el siguiente diálogo:

-Tómalo, Juan -Dámelo, Pedro-«Quebrao» te lo doy; -sano lo quiero.

Entre tanto la vieja con guitas y barro ha ligado el tallo QUE SANARÁ A LA VEZ QUE EL NIÑO. Esta costumbre es la que aquí se llama de «pasar al niño por la cabriguera».

[Se trata de lo que los antropólogos llaman ‘cura por transferencia’]

16-06-2017

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