UNA HISTORIA QUE TE ATRAPA DESDE EL INICIO

A bordo de la Endeavor, una nave de carga aparentemente rutinaria, la tripulación entra en contacto con una amenaza desconocida que transforma la misión en una lucha por la supervivencia. Lo que comienza como una historia de terror en el espacio evoluciona hacia una exploración más profunda sobre la identidad, la conciencia y los límites de lo humano.

En SER, la tensión no nace del espectáculo ni del exceso, sino del aislamiento, la incertidumbre y la sensación de que el verdadero peligro no siempre viene de fuera. La amenaza no es solo física: también pone a prueba las grietas internas de cada personaje y convierte el miedo en el verdadero campo de batalla.

Fragmento:

«Con un movimiento casi mecánico, su mano se desliza en el bolsillo de su uniforme. Sus dedos agarran una pequeña foto, un objeto insignificante en apariencia, pero de un valor incalculable para él. La saca con cuidado, manejándola como un tesoro frágil, y la sostiene frente a sí. En ella, una mujer con una sonrisa cálida lo mira desde un paisaje soleado, mientras una niña de ojos brillantes, tan parecida a él, sonríe junto a ella. El rostro de Braddock se suaviza al verlas, pero algo en su pecho se aprieta, sintiendo cómo ese pequeño instante de felicidad le es arrebatado por la distancia que siente entre ellos. Un nudo se forma en su garganta, pero lo deja pasar, no puede permitirse pensar en eso ahora. En su corazón sabe que ese pequeño pedazo de su vida, la vida que ha dejado atrás, es lo único que le queda. Pero no puede aferrarse a él. No ahora.

Es entonces cuando una leve vibración en el suelo lo hace levantar la vista.

Un sonido distante.

Al principio, es solo un susurro, un sonido tan suave que podría ser el roce de algo lejano, tal vez el viento recorriendo las entrañas de la nave. Pero luego se repite. Algo, o alguien, parece desplazarse más allá de la puerta. Un crujido bajo, casi imperceptible, un peso irregular deslizándose sobre el metal, arrastrando consigo una fricción sorda. Braddock no puede decir qué es, ni de dónde viene. No son pasos claros, pero el sonido persiste, algo parece caminar en el pasillo exterior, pero a una distancia que resulta extraña, distante, incierta. Al principio, el eco de esos ruidos parece tan fugaz que se confunde con el murmullo de la nave misma, pero a medida que se repiten, se van haciendo más definidos, más insistentes.

Algo, algo que no puede identificar, se acerca.

El sonido es extraño, disonante; el piso se resiste bajo el peso de algo ajeno a ese lugar.

Luego, un raspado. Un chirrido. Algo que se arrastra, rasgando el metal, cada vez más cerca.

Es un sonido insoportable, similar a uñas rasgando una pizarra, pero más profundo, más penetrante. El ruido se arrastra hacia el interior de la enfermería, filtrándose a través de las paredes.

Braddock detiene su respiración. Los pasos, si se les puede llamar pasos, carecen de ritmo, son desordenados, ajenos a cualquier patrón humano. El sonido de un metal resquebrajándose se mezcla con el arrastre de algo afilado que raspa el suelo, enviando un escalofrío por la enfermería. Intenta enfocar su atención en el ambiente a su alrededor, tratando de alejar la sensación de que algo está cerca, muy cerca.

La cortina alrededor de su camilla parece moverse, tocada por una corriente invisible. Los pasos se acercan, el sonido retumba en sus oídos. Braddock siente su pulso acelerarse, una presión en su pecho que lo obliga a respirar con dificultad.

Se acercan, con una determinación fría y calculada, una presencia que lleva consigo una certeza inquietante: aquello que genera los ruidos sabe que hay algo más en la enfermería. Siente la vibración en el aire, ha percibido la vida que hay allí, y su avance se vuelve más deliberado, más consciente.

Y entonces, el sonido se detiene. Un silencio opresivo llena la enfermería. Pero no es un silencio tranquilo. Es un vacío que retumba en su pecho, un espacio vacío que hace que todo su cuerpo se ponga a la defensiva. Intenta calmarse, se obliga a respirar, pero algo está mal. Muy mal.

La sombra proyectada sobre el ventanal exterior de la enfermería cambia, se alarga. Braddock la ve a través de la cortina: una silueta grotesca, deformada por la luz mortecina. Es un contorno inconfundible, una figura que no puede ser humana. Se mueve con una gracia antinatural, sin que sus extremidades respeten las mismas reglas que las suyas. Cada movimiento es tan deliberado, tan preciso, que la sensación de ser observado se vuelve insoportable.

En ese instante, Braddock siente que aquello en el pasillo es consciente de su presencia. No está solo. Y la enfermería, que hasta entonces había sido un refugio seguro, se convierte en una prisión.

Y luego, la respiración.

Un sonido profundo, arrugado. Es una respiración pesada, asfixiante, que llena la enfermería con cada inhalación. No es humana, no lo es. La piel de Braddock se eriza al escucharla, el sudor frío comienza a empaparlo. La respiración se interrumpe, pero solo por un momento, y luego se reanuda con más fuerza, más cerca, sintiéndola justo detrás de la cortina, tan cerca que puede sentir su aliento helado sobre su piel.

Braddock no puede moverse. Sus músculos están paralizados por el miedo, su corazón late con fuerza en sus oídos, mientras un torrente de pensamientos corre frenético en su cabeza. La foto, la imagen de su esposa e hija, se le resbala entre los dedos, cayendo en su regazo, olvidada por completo.

Cada respiración, cada sonido del ser invisible que acecha la enfermería le llega con la misma fuerza. Siente como si el aire mismo se estuviera apoderando de él. Su garganta se cierra, su cuerpo está helado.

Un crujido sordo rompe el silencio nuevamente. La puerta de la enfermería se abre con una lentitud espantosa. La sombra proyectada se alarga aún más, adentrándose en la habitación.«

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