JUAN FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, ALIAS «El GENARES». ┼ 09-08-1851

El profesor e historiador Enrique Fernández Bolea nos sorprendía de nuevo el 28 de enero de 2016 en su perfil de facebook publicando un texto sobre su redescubrimiento de Juan Fernández Fernández, alias «El Genares», personaje que ha alimentado la tradición oral de la Comarca. Éste es su artículo:

Os voy a contar una historia:

Se acababa de sobrepasar el ecuador del siglo XIX y la villa de Cuevas aún vivía con altibajos la resaca del descubrimiento del filón de galena argentífera del Jaroso. Por el municipio, atraídos por el trabajo que ofrecían las minas y el dinamismo que aquella riqueza generaba en nuestra localidad, pululaba un variopinto contingente de tipos humanos entregados a diversos oficios, a mil y una actividades, a negocios de cualquier índole, unos más legales que otros. Pero por aquel universo coral, por aquel hervidero humano, también deambulaban otros individuos que se ganaban el sustento no precisamente con buenas artes. En aquella sociedad desigual, donde la opulencia convivía con la pobreza más extrema, donde por un jornal de miseria los obreros de las minas, los jornaleros del campo, se dejaban la piel y el alma, no tardarían en surgir auténticos núcleos de marginalidad habitados por los que se enfrentaban a la supervivencia con la práctica de actividades fuera de la ley. Poblaban aquella especie de inframundo ladronzuelos de baja estofa, pendencieros de taberna, lisiados e inútiles para realizar cualquier trabajo manual, gentes en fin entregadas a la holgazanería, y los gitanos… Estos últimos, por su peculiar manera de entender la vida, por sus costumbres itinerantes, por su propia cultura, por la consideración que recibían del resto de la sociedad que veía en ellos a los parias de occidente, cuando llegaban a una localidad ocupaban de inmediato esos espacios marginales, en conflictiva convivencia con los payos que no pocas veces mostraban hacia ellos su desconfianza y desprecio.
Entre los que vivían en Cuevas hacia 1850 había de todo, honrados y menos honrados, pero destacó uno al que apodaban el Genares, mote que, como veremos, se aposentó en la memoria colectiva de la localidad hasta el extremo de ser convertido por los cuevanos en una palabra más de su vocabulario cotidiano con un significado bien preciso.

arriero maragato
Desde principios de 1851 el gitano Juan Fernández Fernández, que así se llamaba el Genares, venía cometiendo por los alrededores de Cuevas delitos de poca monta –pequeños robos-, que le habían acarreado su detención por parte de la Guardia Civil y el acabar con sus huesos en la cárcel en más de una ocasión. Pero un buen día de comienzos del estío de aquel mismo año, en el camino carretero que conducía de Cuevas a la Ballabona, este desaprensivo calé perpetró un horrible asesinato contra la persona de un pobre arriero que por allí se desplazaba. El móvil de aquella acción había sido el robo, sin embargo el cadáver mostraba signos de inusitada violencia que desvelaban un ensañamiento poco común, al menos así se ponía de manifiesto tras el primer análisis del lugar del crimen realizado por la Benemérita. No sabemos las circunstancias que precedieron o rodearon a aquel crimen; si la víctima y el asesino se conocían o entre ellos había alguna cuenta pendiente; lo que sí sabemos es cómo reaccionó la población de Cuevas ante esta aciaga vicisitud: quizás un cierto hartazgo ante la cadena de hurtos que el Genares había protagonizado con anterioridad; probablemente el rechazo colectivo de los cuevanos hacia una persona que les generaba miedo e inseguridad; puede que la animadversión secular hacia la raza de Fernández fuesen suficientes ingredientes para que, una vez culminado todo por tan horrible crimen, se despertase una generalizada sed de venganza que se tradujo en una exigencia común de “justicia”. El pueblo exigió que se ejecutase al Genares y que todo el que quisiese pudiese contemplar su merecido final. En respuesta, las autoridades, tras la celebración de un rápido juicio, habilitaron un patíbulo –nada común esto fuera de las capitales de provincia- frente al camino que conducía desde El Pilar hasta el río Almanzora y allí, ante la vista de una expectante multitud, el 9 de agosto de 1851 fue ahorcado el gitano Fernández, ejecutado todo con profesionalidad por un verdugo que se desplazó ex profeso desde Granada para tal fin.

horca
Aquello impactó a la población hasta el punto de dejar un poso indeleble en la memoria colectiva, y aunque los hechos se olvidaron tras algunas generaciones, el apodo del protagonista se conservó en nuestro vocabulario local. Yo, que sobrepaso por poco el medio siglo, he oído utilizar en algunas personas mayores expresiones como “¡Vas hecho un genares!”, o “¿Dónde vas genares con esas pintas?”, o la expresiva “¡Ay genares, si no te conociéramos!”. En todos los casos, empleado generalmente en tono jocoso, adquiere el significado de “canalla”, pues de esta condición fue Juan Fernández para aquellos que, siendo testigos de los hechos, incorporaron el término a su léxico usual y lo transmitieron a las generaciones venideras. Si no lo habéis escuchado nunca, preguntad a vuestros mayores, seguro que ellos lo han oído o lo han empleado en alguna ocasión.
Nota: En aquella Cuevas minera de la segunda mitad del siglo XIX la violencia ejercida mediante armas blancas e incluso armas de fuego estaba a la orden del día, y quienes la ejercían eran tanto gitanos como payos, siendo los delincuentes de esta última raza mayoría porque mayor era también su número en el conjunto de la población.

Foto de Federico de Blain Becerra, hacia 1905

En la postal se recoge el lugar donde fue montado el patíbulo en el que se ahorcó al Genares. [Foto de Federico de Blain Becerra, hacia 1905]

enrique fernández bolea 2

28-01-2016

Enrique Fernández Bolea

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