A PROPÓSITO DE LA NAVIDAD…

Leo los lunes a don Pedro G. Cuartango.

Leo los lunes y sábados a don Pedro G. Cuartango, periodista del diario El Mundo, en su columna “Tiempo Recobrado” y, por su estilo elegante, claro mensaje y excelente redacción, vaya por delante mi admiración a su brillante obra literaria. La expresión genérica ”¡chapó!” aflora a mis labios de forma espontánea cuando me regocijo leyendo a este insigne escritor, licenciado en Ciencias de la Información.

En su último artículo publicado “Al final de la tarde”, se puede leer, entre otras cosas, ideas o pensamientos como éstos: “La proximidad de la Navidad siempre me genera una sensación de tristeza casi rayana en la angustia”, “… que ese sentimiento proviene de la añoranza de tiempos pasados y, sobre todo, de las personas perdidas en el camino, como mi padre y mis abuelos. Es una herida incurable que se agranda con los años”.

Además, Cuartango, para completar su artículo, nos hace partícipes y nos abre su alma en canal cuando hace referencia al sentimiento que le embarga el escuchar, en las noches de Navidad, la composición musical vinculada a la religión: los “Orgelwerke”, del compositor alemán Johann Sebastian Bach. Sobre esto comenta: “devolviéndome cierta paz a mi espíritu y haciéndome sentir que algo queda en este mundo de los que se han ido para siempre”.

Pero eso no es todo. Este egregio periodista con perfil de pensamiento filosófico que crea belleza literaria para deleite y disfrute de los que lo seguimos y leemos, además de hacer mención en su artículo a la trilogía de Gerald Durrell, uno de sus libros favoritos, nos narra, sucintamente y con magistral estilo, las vivencias de la familia Durrell durante su estancia en la isla griega de Corfú, despertando en su imaginación personajes y acciones en espacio y tiempo determinado.

Pues bien, al releer el artículo en su muro de facebook he seguido, también, la lectura de los que opinan al respecto y, salvo alguna opinión discrepante, las demás parecen sintonizar con el profundo sentir del autor. Yo, jubilado con sesenta y cinco de edad, con independencia de la nostalgia que pueda sentir por la ausencia de mis seres queridos, por supuesto, ello no conlleva que en mí se genere sensación de tristeza cuando se aproxima la Navidad y, menos aún, que ésta haya dejado de ser una promesa para convertirse en un recuerdo.

Con el mayor de mis respetos hacia el autor, difiero de él en que “el pasado sea algo lejano que resulte irreal y que los momentos de felicidad parezcan un sueño” y “… que cumplidos los 60 se afronte la recta final del camino con la conciencia de la fugacidad de todo lo que uno ha amado”. Creo que su opinión es muy de considerar y su pensamiento es su propio pensamiento. También creo que los recuerdos, si éstos fueron agradables, nos dejan, para entendernos, “buen sabor de boca” y, cuantos más los recordemos, en mi opinión, los momentos de felicidad se manifiestan más cercanos.

Filosofando, por lo que veo, “cada persona es un mundo”. Concibo la Navidad como una fiesta de la familia y de la vida. Ésta no me produce sensación de tristeza; más bien todo lo contrario: dicha y felicidad. Por supuesto que uno recuerda a las personas perdidas en el camino, que siempre estarán en nuestros corazones.

Para concluir, me complace decir que en estas fiestas tan entrañables me reúno con los míos y con familiares y amigos ausentes tras largo tiempo sin vernos. Entonces, el reencuentro con unos y otros llenan mi espíritu dando vida y estímulo a mi ser. Por tanto, D. Pedro, ¡ánimo y a disfrutar de la vida!, que aún somos jóvenes.

diego morales

Autor: Diego Morales Carmona

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