LA CIUDAD DE VERA EN LA NOVELA PICARESCA ‘GIL BLAS DE SANTILLANA’

El placer que produce leer grandes clásicos de la literatura universal es indescriptible; con más motivo cuando la fortuna (que sólo beneficia a los que lo intentan), nos hace leer en ellos el nombre de nuestro objeto de estudio: Vera.

En el Gil Blas de Santillana, la última gran novela picaresca de tradición española, editada en Francia en los años 1715-1735, leemos en el capítulo IX de su octavo libro cómo su protagonista, del mismo nombre, después de variopintas andanzas, llega a desempeñar el oficio de secretario del duque de Lerma (Francisco Gómez de Sandoval y Rojas Borja), ministro, en el ambiente madrileño de la corte de Felipe III (1598-1621), ocupación que comienza a serle muy rentable por facilitar la compra de privilegios en España. Después de vender uno exclusivo y monopolista a un charlatán que vendía medicamentos, nos dice:

[…] Yo conocí la verdad de aquel refrán que dice que el comer y el rascar todo es empezar; pero, además de que advertía que la codicia iba creciendo en mí a medida que iba adquiriendo riquezas, había logrado de su excelencia [el ministro] con tanta facilidad las cuatro gracias de que acabo de hablar, que no me detuve en pedirle la quinta. Esta fue el gobierno de la ciudad de Vera en la costa de Granada para un caballero de Calatrava que me ofrecía mil doblones. El ministro se echó a reír viéndome caminar tan de prisa.

-Vive diez, amigo Gil Blas-me dijo-, ¡cómo apretáis! Deseáis vivamente hacer bien al prójimo. Mirad: cuando no se trate más que de bagatelas, no repararé en ello; pero cuando me pidáis gobiernos y otras cosas de importancia, os quedaréis en hora buena con la mitad del provecho y a mí me daréis la otra. No podéis pensar –continuó-, el gasto que tengo precisión de hacer ni cuántos arbitrios necesito para mantener la dignidad de mi empleo, porque, a pesar del desinterés que aparento a los ojos del mundo, os confieso que no soy tan imprudente que quiera abandonar mis intereses propios. Sírvaos esto de gobierno.

Con esta advertencia me quitó mi amo el temor de importunarle, o más bien me excitó a que prosiguiese con mayor empeño, y me sentí aún más sediento de riquezas que antes. Hubiera yo entonces con gusto hecho fijar un cartel que dijese que todos aquellos que quisieran conseguir gracias en la corte, no tenían más que acudir a mí: yo iba por un lado y Escipión [su criado] por otro buscando ocasiones de servir por dinero. Mi caballero de Calatrava alcanzó el gobierno de Vera por sus mil doblones, y bien presto hice conceder otro por el mismo precio a un caballero de Santiago. No contento con nombrar gobernadores, concedí hábitos de las órdenes militares, transformé algunos buenos plebeyos en malos hidalgos, con famosos títulos de nobleza: quise también que la clerecía participase de mis favores, y así conferí beneficios cortos, canonjías y algunas dignidades eclesiásticas […]

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Para desentrañar en lo posible las claves este texto urge decir que hubo una particular moda tras el posterior ascenso (con la muerte de Felipe III y la coronación de Felipe IV –1621-) del conde duque de Olivares (Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar), de vilipendiar la gestión del duque de Lerma, acusándolo de corrupto, cuestión desmentida por algunos historiadores; Alain René Lesage (el autor) se hace eco de esta fama (además de haberse demostrado haber tomado para su novela demasiadas influencias de algunos escritos españoles), y se une a la labor, apoyando claramente al conde duque. Explicar por qué lo hace es lo complicado; quizá por la influencia de los escritos españoles que tomó tan fielmente, quizá por mantener la interesada leyenda negra española, quizá por la guerra franco española de 1635…

lesage texto francés

La cuestión de por qué es Vera la elegida de entre las numerosas ciudades españolas es también un enigma, aunque también habría que tomar en consideración que en España se habló mucho de Vera y de Lorca por la resistencia en el asedio de la ciudad por los moriscos en 1569, lo que le hizo ganar la leyenda del escudo que hoy muestra: Quien aquí ve esta ciudad… También es un pasatiempo adivinar si muchas de las noticias de la novela, incluida la de este caballero de la orden de Calatrava, son ciertas. De esta forma, es necesario advertir que es muy posible que el autor (o el traductor de 1781, el padre Isla), considerase la inexistente figura del ‘Gobernador’ en Vera en esos tiempos como sinónimo de ‘Corregidor’, con lo cual tendríamos que investigar los nombramientos de todos los corregidores de Vera-Baza, bajo cuya mirada se encontraba Vera, aparte de otros muchos pueblos de su jurisdicción. Pedro Gómez de Cárdenas y Angulo fue Corregidor de Almería, Baza y Guadix desde 1626 hasta 1637 y vistió el hábito de Calatrava. Además es posible que, con ‘Gobernador’, se refiriese al ‘Alcalde Mayor’ (nombrado por el Corregidor de Baza, por el Consejo de Castilla o por el Rey), en cuyo caso tendríamos que repasar el nombre y origen de todos los Alcaldes de Vera de aquellos años y dar con un hábito de la orden. La fuente principal para continuar esta investigación se encuentra en el Archivo Histórico Nacional (Fondo de la Cámara de Castilla), en los Libros de Corregimiento (signatura: 707-721). Sí está en nuestra mano exponer los nombres de los Alcaldes Mayores de Vera de esas fechas (1598-1621). Son: Andrés Álava, Pedro Vigil de Peralta, Andrés Serrano, Pedro de Valdelomar (1600), Bernal Francés, Francisco de Navarrete, M. Piçarro, Ambrosio de Villarroel, Bartolomé del Campo, Francisco de Rivas Hurtado, Juan de Soto, Alonso Avendaño, Martín Suárez de Toledo, Francisco de la Cueva, Antonio de Molina y Bravo, Martín de Hariça, Francisco de Sigura, Alonso de Salas, Joan Ordóñez Bigil, Diego García de Cánovas, Tomás de Aragón, Alonso de la Cadena, Juan de Enciso, Juan de Salmerón, Francisco Flores de Soto, Miguel de Hariça y Juan Bautista de Salazar.

josé francisco de isla en escritorio José Francisco de Isla y Rojo

Se dice que una de las fuentes en las que más se inspiró Lesage fueron los escritos del literato, Cronista Mayor de Indias y secretario privado de Felipe IV, Antonio de Solís y Rivadeneyra (1610-1686). Leyendo su biografía advertimos que bautizó a su hijo con el nombre de Francisco Antonio de Solís, sustituto de su padre en el cargo de oficial segundo de la Secretaría del Estado. En Vera fue Alcalde Mayor entre 1647 y 1649 un tal don Francisco de Solís, del que sólo sabemos que fue regidor en Almería en el año 1644 (quizá descendiente de los salmantinos Álvaro y Alonso de Solís, regidores de Almería en el siglo XV). ¿Fue familia del historiador? ¿Fue él el rebuscado enlace entre Vera y Lesage?

antonio de solís y ribaeneyra

BIBLIOGRAFÍA: JOAQUÍN SANTISTEBAN Y MIGUEL FLORES GARCÍA-GRANO DE ORO, Historia cronológica y biográfica de Almería. FRÉDÉRIC SERRALTA. Nueva biografía de Antonio de Solís y Rivadeneyra.

Manuel Caparrós Perales (Archivero)

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