PAISAJE OTOÑAL

En este veranillo de otoño he visto como los rosales florecían y, las plantas, pasada la primavera, resurgían de nuevo a la vida dando esplendor y belleza a jardines y parques. Parece ser como si la florida estación se prolongase. Las temperaturas en noviembre superaban la veintena de grados. No parecía otoño; más bien, como he dicho antes, primavera; pero esto no es infrecuente en nuestra provincia de Almería, concretamente en nuestra Vera querida, sino casi habitual. Disfrutamos, y es un privilegio, de un excelente y suave clima con temperaturas moderadas y, por supuesto, bastante agradables.

Dicho esto, para situar al lector, comentar que, durante una semana de esta estación otoñal, me escapo a lugares recónditos donde se hace presente la contemplación de la Madre Naturaleza en su mayúscula expresión. Entonces, alquilo, siempre que puedo, una pintoresca casa con buhardilla y, desde allí, diviso las montañas con las primeras nieves en sus cumbres y el inmenso bosque revestido con tonalidades de distintos colores: ocre, dorado, marrón, rojizo, amarillo, castaño, etc. Éste que narro es otro muy distinto al nuestro debido a la exuberante vegetación.

En mis paseos matutinos por senderos poco definidos, la hojarasca -muy abundante y esparcida por todos sitios debido al suave viento reinante- proveniente de árboles de hoja caduca, como el fresno, castaño, haya y nogal, da al paisaje una atractiva belleza que, cómo no, contrasta con la luminosidad intensa de ese cielo azul resplandeciente y desprovisto de nubes. Al final del trayecto, un riachuelo con agua muy fresca y cristalina en dirección a confluir con otro de mayor caudal se ve acompañado, a ambas orillas de su cauce, por una hilera de chopos con hojas rojizas de extraordinario encanto. Esto me invita a sacar la cámara fotográfica y disparar una instantánea sobre él.

De vuelta, por otro camino distinto, en una amplia área que se divisa en la lontananza, árboles de hoja perenne: alcornocales, encinas, pinos, ficus, cipreses y acacias, vestidos con hojas de tonalidades diferentes y coloridos variopintos, cimbreados éstos por la suave brisa que corre por estos lares, por si fuera poco, hacen que la manifestación de sentimiento de admiración sea aún mayor.

En la umbría, bajo los árboles, abundantes setas de color blanco azulado, buscadas y apreciadas por los aficionados y cultivadores forestales, cautivan más la hermosura del paisaje dándole prestancia y majestuosa belleza.

Ya en casa de nuevo, adosada a sus paredes exteriores encaladas, la hiedra, con sus hojas verde-oscuras, trepa sin descanso extendiéndose a otras contiguas y similares a la que me hallo. Todo esto me parece un sueño, un encanto.

Por último, rindiendo tributo al dios egipcio Atum, nombre de donde proviene esta estación, y que simboliza “el Sol que se oculta en la Tierra”, valga este artículo para, abundando en lo dicho, gracias a la colaboración prestada por aficionados al mundo de la fotografía, con su cesión, los servicios informativos meteorológicos de televisión puedan recrearnos en la contemplación y percepción de puestas de sol y paisaje otoñal , que, creo, personalizan el título al que hace referencia este artículo.

Diego Morales Carmona
Diego Morales Carmona

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