1569. ABÉN HUMEYA. SOCORRO A LORCA. NO FUERON TRES, SINO DOS. MARTÍN GÓMEZ GARRIDO Y FRANCISCO SOLER CAMPOY

La gente de a pie, ocupada en sus quehaceres y en sacar a sus familias adelante, la mayoría de las veces no tiene los medios, el tiempo libre, ni la información necesaria para contrastar los datos históricos y comprender mejor la Historia de su pueblo. Una de nuestras labores es aclarar a los interesados estos datos, de entre los que encontramos que fueron tres los mensajeros veratenses que avisaron a Lorca del cerco de Vera por Abén Humeya y así recibir ayuda. Veamos.

La Pragmática Sanción de 1567, limitación de los derechos de los moriscos (moros bautizados de los que quedaron en España después de terminada la Reconquista), desencadenó en la navidad de 1568 su rebelión en Granada, al mando de Hernando de Válor (Abén Humeya -Omeya-). A partir de marzo de 1569 deciden continuar, concibiendo como fundamental el control de un punto litoral, fijando su atención en Vera (puerto de arribe de supuestas naves de Argel o Fez), ajena la Ciudad a esa intención y perdiendo un tiempo precioso para reforzar su débil muralla. Así las cosas los moriscos la acorralaron jugando al despiste al centrar sus ataques en puntos cercanos del Valle del Almanzora. En septiembre veratenses y lorquinos rechazan a los monfíes (nombre dado a los moros o moriscos que formaban cuadrillas de bandoleros en Andalucía después de la Reconquista) en Zurgena y Guazamara, volviendo a poner a punto el sistema de atalayas.

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A las ocho de la mañana del 25 de septiembre de 1569, Abén Humeya estaba frente a Vera, ya considerándola suya, haciendo una gran salva de arcabucería desde el cerro de la Vera Vieja. El alcalde mayor de Vera respondió con escaramuzas. Los moriscos colocaron dos piezas de artillería en el arrabal de la ciudad…

A partir de aquí leamos las versiones de los hechos que nos interesan:

1. ARCHIVO MUNICIPAL DE LORCA

En el Informe del Cerco a Vera (Archivo Municipal de Lorca, realizado ante el licenciado Marrón de Alarcón, Alcalde Mayor de Vera, por el escribano Juan de la Cadena, por testimonio de Francisco González, natural y vecino de Vera, y de Pedro de Ayora, jurado de Vera) se lee que la solicitud de ayuda a Lorca se realizó a las diez de la mañana por medio de un correo especial compuesto por dos escuderos, Martín Gómez y Francisco Soler, vecinos de Vera, para que diesen aviso a Lorca y solicitar ayuda. A las doce del medio día el sistema de atalayas facilitaron que Lorca ya supiese la acción de Humeya. Poco después llegarían los dos valientes, habiendo recorrido nueve leguas. A las tres de la tarde se fijó el alarde en Lorca (revista de soldados y armas). El día 26 al alba llegaron a Vera 1000 hombres de a pie y 100 a caballo. Abén Humeya ya había levantado el cerco a Vera, huyendo hacia Cuevas e intentando cercar su castillo. Estos datos fueron investigados por Valeriano Sánchez Ramos.

Aprovechando las bases de datos de este Archivo Municipal que llevamos construyendo desde 2003, e investigando sobre estos personajes (Martín Gómez y Francisco Soler), encontramos:

2 1 4 Padrones de Habitantes de Vera

AÑO

FOLIO Nº REG

CALLE

Nº FAMILIA/CASA

NOMBRE PILA

1º APELLIDO

2º APELLIDO / ALIAS

EDAD

PROFESIÓN

NOTAS SIGNOS

CIVIL / MILITAR

1494

MARTÍN

GÓMEZ

PEONES

1588

04

PADRÓN DE BULAS

MARTÍN

GÓMEZ

JURADO

OTRA PARA MARÍA DÍAZ, MUJER, JUAN GÓMEZ DIFUNTO, CATALINA, DIFUNTA MADRE

2 1 4 Sepelios parroquia desde 1571

AÑO

Nº REGISTRO

NOMBRE FALLECIDO

1 APELLIDO FALLECIDO

2 APELLIDO FALLECIDO

CALLE

NOTAS

NOMBRE CÓNYUGE

1593

MARTÍN

GÓMEZ

JURADO

2 1 4 Padrones de Habitantes de Vera

AÑO

FOLIO Nº REG

CALLE

Nº FAMILIA/CASA

NOMBRE PILA

1º APELLIDO

2º APELLIDO / ALIAS

EDAD

PROFESIÓN

NOTAS SIGNOS

1494

FRANCISCO

SOLER HIJO DE

PEONES

1494

FRANCISCO

SOLER PADRE

PEONES

1506

1

50

FRANCISCO

SOLER

36

1516

REPARTIMIENTO HATICO 1516-1517

FRANCISCO

SOLER

TUVO REPARTIMIENTO EN 1496

1587

07

258

VIUDA DE FRANCISCO SOLER

SOLER

1587

03

110

FRANCISCO

SOLER

BLÁZQUEZ

JUNTOS

1588

03

PADRÓN DE BULAS

FRANCISCO

SOLER

REGIDOR

OTRA PARA ALONSO SOLER, MARÍA MARIANASÁNCHEZ? SU MUJER

2 1 4 Sepelios parroquia desde 1571

AÑO

Nº REGISTRO

NOMBRE FALLECIDO

1 APELLIDO FALLECIDO

2 APELLIDO FALLECIDO

CALLE

NOTAS

1579

FRANCISCO

SOLER

28-01-1579

2. PÉREZ DE HITA (1544-1619). LAS GUERRAS CIVILES DE GRANADA (parte II, cap. XIII).

Una fuente documental diferente sobre los mismos hechos es el libro de Pérez de Hita, Las Guerras Civiles de Granada. Copio el fragmento completo (pág. 626):

ginés pérez de hita

(…) Luego que llegó el moro, lo primero que hizo fue destruir la poca gente de guerra que tenía la ciudad, y con quince mil hombres que llevaba ponerla un poderoso sitio, desde un punto tan cercano a las murallas, que las balas de la arcabucería alcanzaban de la una a la otra parte del pueblo. Puestos los de Vera encima de la muralla, tiraban arcabuzazos a sus enemigos y les hacían mucho daño; por lo cual los moros derribaron varias casas del arrabal, y abrieron en las paredes maestras muchas troneras, desde donde tiraban a su salvo a los de la muralla.

vera nueva

Dentro de la ciudad andaba un ruido espantoso entre mujeres, niños, soldados y ciudadanos, andando revueltos todos unos con otros: los hombres acudían adonde más combatida se veía la ciudad, recelando que el enemigo trajera escalas para tomar los muros; y con efecto si las llevaran los moros, hubiera sido por ellos ganada Vera sin duda alguna; las mujeres trabajando varonilmente con las faldas alzadas, unas hacían balas para que las tirasen sus maridos, y otras asaban carne y guisaban ollas para los defensores de la plaza. Todo era común en la ciudad, y todos comían de lo que había, sin apartarse un punto de la muralla por el temor de que el enemigo la escalase. Hacían de noche grandes hogueras en la plaza y por todas las calles, de manera que estaba la ciudad tan clara como si fuera de día. Tenían como de reserva unos sesenta soldados de a cabalo, y algunos decían que saliesen fuera de la ciudad a escaramucear con los enemigos, pensando otros que esto no era bien acordado, porque los moros eran muchos, y ellos luego serían muertos a escopetazos. Sonaban las cajas de guerra de los moros, y correspondían las trompetas de la caballería cristiana, de modo que dentro de la ciudad andaba un alboroto muy grande: así estuvo Vera cerca de dos días. Los moros llevaban una pieza de batir, y dispararon con ella un tiro al cubo de una torre, al cual hizo notable daño; esto sucedió el día primero del cerco; pero quiso Dios que aquel tiro fue el primero y el postrero, porque reventó la pieza por la demasiada carga que la echaron; pues a no suceder así, fuera entrada y saqueada la ciudad a pocos tiros que tiraran.

En la segunda noche de verse los de Vera en tanta estrechez, acordaron enviar a pedir a Lorca socorro con toda diligencia, y así apenas rompió el alba, abrieron con el disimulo mayor que se pudo una de las puertas de la ciudad, y por allí enviaron a dicho fin tres escuderos sobre buenos caballos. Apenas salieron fuera cuando picaron de espuela y echaron a volar con la rapidez del rayo. Luego que los moros los vieron les tiraron muchos escopetazos, y quiso Dios que no les acertara ningún tiro. El que de los tres llevaba mejor caballo llegó a Lorca a las once del día, habiendo andado once leguas en seis horas; otro llegó a las doce, y ya a este tiempo estaba junta en cabildo la ciudad de Lorca, deliberando sobre lo que se haría, porque estando Vera en la jurisdicción de Granada, no había obligación precisa de socorrerla. Sin embargo se acordó que fuese Vera socorrida, y así tocando luego la campana a rebato, se juntó en la plaza mucha gente de guerra, a la cual se dieron arcabuces de los que casualmente tenía la ciudad en su sala de ayuntamiento, que habían venido de Cartagena para Huércal, y cuyo factor o comisionado era Luis de Salazar, escribano de Lorca. En seguida proveyeron de plomo y cuerdas a todos los de la jornada, con tanta prontitud, que a la una de la tarde ya estaba lista para partir toda la gente de socorro. Se nombraron capitanes de caballería a Diego Mateo, el viejo, llamado Guevara, que había venido del campo del marqués, y de infantería a Adrián Leonés Alburquerque, hombre de mucho valor. Juntáronse en la plaza de Lorca ochocientos soldados de a pie, todos jóvenes y buenos tiradores, y unos ochenta de a caballo, compuestos de hijos-dalgo y de las familias más distinguidas. Serían las dos de la tarde cuando la gente brillante de Lorca salía ya por la puerta de Nogalte, y tomaba la vuelta de Vera, sin que jamás se hubiese visto antes reunido un socorro con tanta presteza. Caballeros y peones salieron a rebato y volaron como aves, de manera que al anochecer llegó a la fuente de Pulpí toda la gente, y tomando un corto refresco, pasó de allí adelante sin parar un solo punto, y al romper del alba se halló ya al pie de las murallas de Vera gritando: Santiago, Santiago, aquí está Lorca, que viene de socorro.

El reyecillo malo, luego que vio salir de Vera a los caballeros para pedir socorro a Lorca, perdió la esperanza del buen éxito de su empresa, aunque toda aquella noche combatió la ciudad vigorosamente pensando todavía tomarla. Para saber cuándo llegaría el socorro, despachó espías y puso atalayas en los puntos más elevados de la sierra; éstas, luego que descubrieron la gente de Lorca que acudía al socorro de Vera, haciendo humadas (…)

 portada historia guerras civiles granada

Como podemos observar, Pérez de Hita no sabía los nombres de los tres escuderos que salieron hacia Lorca.

Las otras dos fuentes secundarias, la Crónica de la guerra de Granada, de probable autor Hurtado de Mendoza, y la Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada, de Mármol Carvajal, no dan demasiadas noticias sobre Vera.

      1. DON EUSEBIO GARRES SEGURA Y DON JUAN CUADRADO

Dos referencias posteriores son las de estos dos escritores veratenses. Don Eusebio Garres Segura, con gran mérito, dadas las dificultades que en aquellos tiempos se encontraban para investigar sobre la Historia de Vera, publicó en 1908 el libro por todos conocido: Historia de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Vera. Sirva este artículo como homenaje a él por haber sido el primero en atreverse a divulgar la Historia de Vera entre los vecinos. Es mi humilde opinión: debemos admirar a los hombres que aplican sus ideas, y no tanto a los que las dejan pasear en su mente buscando las faltas de los que han tenido el valor de ejecutarlas.

cubierta libro garres segura

En él leemos lo siguiente sobre esta cuestión:

(…) Luego que Abén Humeya llegó con sus 15.000 hombres le puso cerco desde punto tan próximo a las murallas que las balas de los arcabuces alcanzaban de una a otra parte del pueblo.

Los de la plaza, en la muralla, arcabuceaban al enemigo, ocasionándole grandes daños; por esto los moros abrieron troneras en las casas que existían en el arrabal, desde donde hacían fuego a la población, al abrigo del que ésta les hiciera.

Las mujeres, trabajando varonilmente con las faldas recogidas, unas hacían balas, otras asaban carnes y guisaban para los valientes defensores que se no se apartaban un instante de la muralla por temos a un escalamiento.

Con grandes hogueras iluminaban de noche la plaza y calles de la Ciudad pareciendo de día. Así estuvieron cuarenta y ocho horas.

Los moros que llevaban una pieza de batir la enclavaron en un pequeño montíclo cerca de la Puerta de Arriba (sin duda alguna en lo que hoy llamamos Cabecico), y desde allí dispararon sobre la población, clavándose el proyectil en uno de los cubos que flanqueaban la puerta.

Mucho daño ocasionó, y gracias a haber reventado la pieza en el primer disparo por la demasiada carga de pólvora, esta memorable jornada no fue funesta a nuestros hermanos.

En la segunda noche del sitio, viéndose los de Vera con tanta estrechez, empezaron a temer por su suerte. Era a la sazón teniente de Alcalde Mayor el Licenciado Juan Soler que, suponiendo ya difícil la resistencia por lo exiguo de la guarnición y el poder del enemigo, acordó con el Cabildo y Concejo de la Ciudad pedir socorro a Lorca, mandando para ello tres emisarios que se aventurasen a atravesar el campo de los sitiadores, salvando así la eventualidad de que uno o dos cayesen en manos de los enemigos.

¡Qué hermoso ejemplo de patriotismo dieron aquellos tres heroicos escuderos que se disputaron tal gloria, exponiéndose a una muerte cierta por salvar su pueblo! Los hombres de tan valientes patricios vivirán eternamente en los anales de la Historia de Vera: ¡Adrián Leonés, Mateo Núñez y Diego Céspedes! Las generaciones posteriores al bendecir vuestros nombres, admiran tanta abnegación y valor.

Salidos al amanecer por una misma puerta y al mismo tiempo, según Pérez de Hita, y según otros a una misma hora pero por distintos sitios, pudieron romper las líneas enemigas, librándose del nutrido fuego que les hicieron los moros.

Quien primeramente llegó a Lorca fue Leonés, a las once de la mañana, habiendo recorrido las once leguas aproximadamente que separan ambas poblaciones en seis horas; el segundo llegó a las 12 y un poco después el tercero.

El Cabildo de Lorca deliberó sobre lo que se haría, porque siendo Vera de la jurisdicción de Granada no había obligación precisa de socorrerla; pero sin embargo acordaron volar en su auxilio y a la una de la tarde de aquel mismo día estaban listas para partir las fuerzas de socorro, nombrando capitanes, de caballería, a Diego de Guevara, y de infantería, a Adrián Leonés Alburquerque, hombres de gran valor, el mismo que de Vera salió en busca de auxilio (…)

Haciendo uso de nuestra base de datos, encontramos a un Mateo Núñez en el año 1639 (censo de milicias descubierto, rescatado, digitalizado y automatizado en el año 2007, aprox.). No tenemos más datos de él, ni tampoco del supuesto Diego Céspedes.

2 1 4 Padrones de Habitantes de Vera

AÑO

FOLIO Nº REG

CALLE

Nº FAMILIA/CASA

NOMBRE PILA

1º APELLIDO

2º APELLIDO / ALIAS

EDAD

PROFESIÓN

NOTAS SIGNOS

CIVIL / MILITAR

1639

MATEO MATEO?

NÚÑEZ

GENTE DE GUERRA IMPEDIDA

Don Juan Cuadrado da por buena la versión de don Eusebio en La defensa de Vera contra Aben Humeya, cuando la sublevación morisca de la Alpujarra (1977).

detalle defensa de vera

portada juan cuadrado guardas reduc sepia

Observamos claramente cómo, en un momento de la redacción de don Eusebio, basándose en el texto de Pérez de Hita, adjudica a los referidos tres escuderos (sin apelativo en el viejo libro) tres nombres de los que dos de ellos parecen inventados, Mateo Núñez y Diego Céspedes, creados, a manera de anagrama, me aventuro a plantear, a partir del personaje real de Pérez de Hita ‘Diego Mateo‘, ‘el viejo’, llamado ‘Guevara’, nombrado capitán de caballería en Lorca con el fin de ir a Vera. El de sobra conocido Adrián Leonés Alburquerque fue un personaje real, pero es poco probable que saliese de Vera como correo y volviese de nuevo como capitán de guerra desde Lorca.

CONCLUSIÓN:

Me atrevo a concluir diciendo, tras los datos expuestos, que, a menos que don Eusebio Garres Segura consultase una obra o documento del que desconocemos actualmente su existencia, desde que su escrito se editó, se ha difundido el error de que fueron Adrián Leonés, Mateo Núñez y Diego Céspedes los mensajeros que acudieron avisar a los lorquinos pidiendo ayuda, al margen de que, a falta de conocer esos nombres, el escritor pretendiera dar nombre a esos tres personajes desconocidos a fin de homenajearlos de alguna manera. Intención loable, en todo caso. Así, tal como indican los documentos originales del Archivo Municipal de Lorca, los héroes que salieron de Vera hacia Lorca fueron Martín Gómez y Francisco Soler.

Quedarían en el aire las atractivas dudas de por qué Pérez de Hita afirmó que fueron tres los valientes jinetes y quién era ese Mateo Núñez que aparece en el censo de milicias de 1639.

Manuel Caparrós Perales

Archivero Municipal de Vera

04-04-14

4 comentarios sobre “1569. ABÉN HUMEYA. SOCORRO A LORCA. NO FUERON TRES, SINO DOS. MARTÍN GÓMEZ GARRIDO Y FRANCISCO SOLER CAMPOY”

  1. Sin base documental alguna, según la tradición oral, los tres capitanes salen de Vera por distintas puertas. Esta estrategia parece verosímil para despistar al enemigo; así mismo, si eran hostigados por los sitiadores, circunstancia bastante previsible, el que fueran batidos los tres era menos probable que si abandonan el recinto amurallado por el mismo lugar.
    Siguiendo la misma tradición oral, parece ser que se reunieron, en el lugar donde hoy se ubica la ermita de la Virgen de las Huertas, antes de partir hacia Lorca. Como sabemos esta advocación mariana es la patrona de Lorca.

  2. ATALAYAS Y AHUMADAS. OTRO APUNTE

    Como diría un paisano de la época: “ni me se ocurriría por el intelecto, de enmendar la plana al maestro, sabiendo cómo sé, de su fina letra, saberes y entendimiento”, sólo quisiera transcribir la crónica de Dº LUIS DE MARMOL CARVAJAL, escrita por al año 1852, por el interés que nos mueve la Historia de nuestro pueblo.
    Será una transcripción literal de su escrito, tal y como salió de su puño y letra en dicho año.

    El texto transcurre tal cual:

    “CAPITULO VIII
    Como Aben Humeya alzó el lugar de las Cuevas y fue a cercar á Vera, y cómo Lorca socorrió aquella ciudad.
    Estaba por alcaide mayor en la ciudad de Lorca el doctor Matías de Huerta Sarmiento, natural de la ciudad de Sigüenza; el cual, debajo de profesión de letras, era también soldado y había estado muchos días en Oran en tiempo que era allí capitán general don Alonso de Córdoba, conde de Alcaudete, y tenia práctica y experiencia en cosas de guerra. Y deseando conservar los lugares de su jurisdicción y saber el desinio de los enemigos, enviaba algunas espías al río Almanzora; y puso tan buena diligencia en esto y en prender las de los enemigos, que á 17 dias del mes de setiembre deste año le vinieron á las manos dos espías de Aben Humeya, y dándoles tormento, confesaron como se quedaba aprestando para ir á ocupar la ciudad de Vera, donde tenia pensado esperar el socorro de Berbería, por ser plaza á su propósito para aquel efecto, y que sería su venida sin falta á la entrada de la luna de octubre, que era el fin de septiembre, con toda la gente que pudiese juntar, y que los moriscos de las villas de los Vélez se habían ofrecido de enviarle encubiertamente bastimentos; y demás desto declararon quién había sido los moros que habían captivado aquellos días ciertos cristianos de María y de Caravaca, y de los otros lugares sus comarcanos. Estas confesiones envió luego á don Juan de Austria y al marqués de los Velez, y al Comendador mayor, que andaba por la costa con las galeras, para que estuviesen todos apercibidos, si fuese menester hacer algún socorro por mar ó por tierra. Avisó también á la ciudad de Vera con tres de á caballo que estuviesen sobre aviso, porque sin duda irían los moros á cercarla, y envió al cabildo el traslado de las confesiones de las dos espías, ofreciéndose que socorría con la gente de Lorca siempre que fuese menester. Y para tener aviso cierto y poder acudir con tiempo, hizo poner atalayas que se descubriesen unas á otras desde Lorca á Mojácar, y los de Mojácar hicieron lo mismo hasta Vera, para que de dia con ahumadas, y de noche con almenaras de fuego, se correspondiesen y avisasen cuando llegase el enemigo; advirtiéndoles que en el punto enviasen tres de á caballo con toda diligencia con el aviso, por si acaso faltase alguna atalaya. Y para ver como correspondía, á 23 de setiembre se hizo el ensayo y prueba de las ahumadas de día y de las almenaras de noche; las cuales pasaron de mano en mano desde Vera á Mojácar, y al Como de Gali, y al cerro de En medio, y al cerro gordo, y á la torre de Alfonsi de Lorca. No se engañaron los cristiano en hacer diligencia, porque Aben Humeya, viendo que el marqués de los Vélez se estaba quedo en la Calahorra, y que no había campo que le pudiese enojar, deseando ocupar la ciudad de Vera en aquella ocasión, bajó con cinco mil hombres al río de Almanzora, y juntando con ellos mas de otros cinco mil de aquellos lugares, fue sobre la villa de Cuevas, que es del marqués de los Vélez, y haciendo que se alzasen los vecinos, que eran todos moriscos, en venganza de las casas que le había hecho quemar en Válor, le hizo destruir y talar una hermosa huerta que allí tenia; y no pudiendo tomar el castillo, porque lo defendían los cristianos que se habían metido dentro, pasó á la ciudad de Vera, y el día de San Mateo, á 24 de setiembre, puso su campo sobre la Vera la vieja, y desde allí hizo una gran salva de arcabucería contra la ciudad de Vera la nueva, que está á la parte de abajo. Era alcalde mayor desta ciudad el licenciado Mendez Pardo, el cual salió á reconocer el campo con treinta de á caballo; y habiendo escaramuzado un rato con los enemigos, se retiró á la ciudad, y dio luego aviso á las ciudades de Lorca y Murcia por las atalayas y con gente de á caballo, como estaba tratado. Queriendo pues Aben Humeya poner temor á los ciudadanos, plantó dos pecezuelas de artillería de bronce que llevaba, y comenzó a batir un lienzo de muro viejo, tirando asimismo á las casas que se descubrían por aquella parte; mas luego reventó l una dellas, y un arcabucero hirió desde una tronera al artillero que tiraba la otra, y paró la batería. En este tiempo las atalayas daban priesa con las ahumadas, que se alcanzaban unas á otras; y estando la gente de Lorca en el sermón poco antes del mediodía, llegó la guardia de la atalaya de la torre del Alfonsin con el aviso al alcalde mayor; el cual, sospechando lo que debía ser, hizo luego tocar á rebato, y haciendo alarde de la gente de la ciudad, proveyó de armas á los que no las tenían, y juntando á cabildo, se nombraron por capitanes de la infantería Juan Navarro de Alava y Alonso de Ortega Salazar, y de los caballos, Diego Mateo Jerez, todos regidores. Y estando haciendo el nombramiento, llegó un escudero de Vera, que había corrido nueve leguas, á dar aviso como había llegado domingo de mañana mas de doce mil moros, y como tiraban con dos piezas de artillería á la ciudad, pidiendo que fuesen luego el socorro. Y siendo todos de conformidad que se hiciese así, entre las dos y las tres de la tarde se juntaron en el campo que dicen de Nuestra Señora de Gracia, novecientos y setenta y don infantes y ochenta caballos muy bien en órden; y antes que partiesen de allí, envió el alcalde mayor sus cartas requisitorias y notificatorias á la ciudad de Murcia, y á las villas de Cehegin, Caravaca, Calasparra, Moratalla, Sevilla, Alhama y Alumbres de Almazarron, avisándoles como iba á socrorrer á Vera con la gente de Lorca, y requiriéndoles de parte de su majestad que hiciesen lo mesmo. Y prosiguiendo su camino, anduvo toda aquella noche, y al amanecer entró en la ciudad de Vera, que son nueve leguas de camino; mas cuando él llegó, los moros habían tenido aviso del socorro que iba, y estando para picar el muro, porque no tenían ya con que batir, habían dejado la obra y retirándose hacia las Cuevas. Juntándose pues la gente de Lorca con la de Vera, fueron en su seguimiento hasta el rio de las Cuevas. De allí se volvieron los de Lorca, porque les pareció que no convenia ir mas adelante con tan poca gente; siendo tan grande el número de los enemigos, y habiendo conseguido el efecto que pretendía, que era descercar á Vera; y en el camino encontraron la gente de Murcia que iba al socorro, y eran tres mil infantes y trescientos caballos. Y juntándose los alcaldes mayores y capitanes á consejo sobre si sería bien ir todos en seguimiento del enemigo, aunque hubo algunos que decían que no había para qué, pues Vera estaba descercada, los mas votos fueron en otra parte. Y estando con esta determinación, nació entre ellos una diferencia honrosa: los de Lorca decían que les pertenecía por privilegio antiquísimo llevar en la guerra del reino de Granada la vanguardia yendo hácia el enemigo, y la retaguardia á la retirada; y los de Murcia querían llevarla ellos, por ser cabeza de reino y de aquel corregimiento, y sobre ello hubieran de llegar á las armas; y recogiendo su gente, se volvieron á las ciudades. Aben Humeya tornó á Purchena, y de allí al Laujar de Andarax, y envió la gente á sus partidos. “

    Fuente: Biblioteca de Autores Españoles
    Colección Dirigida e Ilustrada por Dº Cayetano Rosell
    Autor: Dº Luis de Marmol Carvajal
    Rebelión y Castigo de los Moriscos de Granada
    CAPITULO VIII. Como Aben Humeya alzó el lugar de las Cuevas y fue a cercar á Vera, y cómo Lorca socorrió aquella ciudad.
    MADRID-1852

    BARTOLOMÉ CONTRERAS.
    Investigador y documentalista

  3. ¿PORQUE LOS MUSULMANES DE VERA, ENTREGARON A LOS REYES CATÓLICOS LA CIBDAD, SIN DERRAMAMIENTO DE SANGRE?.
    OBEDIENCIA AL TODO. PERLA DEL ABISMO.
    El espíritu estaba desde el principio del tiempo.
    Y Él te dice y habla. Todo es suyo. Nada nuestro.
    Él todo lo dá, y Él, todo lo dispone.
    No luches, no hay camino.
    Solo el sendero marcado desde el principio de los tiempos.

    Pensamiento Sufí

    Como vengo haciendo hasta ahora, transcribo textos fundamentales para el entendimiento de nuestra Historia, espero sea de su agrado.
    En este caso, el texto es, la: CRONICA DE LOS SEÑORES LOS REYES CATÓLICOS. DE DON FERNANDO Y DOÑA ISABEL DE CASTILLA Y DE ARAGON, ESCRITA POR SU CRONISTA HERNANDO DEL PULGAR. AÑO MDCCLXXX
    CAPITULO XCVIII

    DE LO QUE EL REY É LA REYNA ficiéron en la ciudad de Murcia
    Estando pendientes las cosas que se habían platicado en las cortes de la cibdad de Valencia: porque se llegaba el tiempo del verano para continuar la conquista comenzada contra el Reyno de Granada, el Rey é la Reyna partiéron de aquella cibdad, é vinieron á la cibdad de Orihuela, donde concluyeron las cosas que fueron movidas en las cortes del Reyno de Valencia. En las quales constituyéron algunas leyes é ordenanzas para que pudiesen vivir bien é seguramente los de aquel reyno: é defendiéron so grandes penas las malas costumbres, que traian daño á la república. De las cuales ordenanzas é prohibiciones, todos los de aquel Reyno de Valencia fueron contentos, porque conociéron que les escusaban los gastos del dinero, é los peligros de las personas, que tenían continos en la prosecución de los bandos é parcialidades que seguían. Otrosí les quitaban la causa del pecar, pensando en las muertes é venganzas que se deseaban los unos á los otros. É todos los Caballeros é Prelados de las cibdades é villas de aquel Reyno de Valencia, visto la utilidad común y el bien que á todos se seguía, las obedeciéron é juráron solemnemente en aquella cibdad de Orihuela de las guardar. Después de fechas é con ellos el Príncipe é las Infantas sus fijas, y el Cardenal de España, é los otros caballeros é oficiales que andaban en su corte, partiéron de la cibdad de Orihuela, é vinieron para la cibdad de Murcia: porque por las partas de Lorca entendían este año facer guerra á las cibdades de Baza é Guadix, é Almería. E como fueron en aquella cibdad, el Rey é la Reyna mandáron llamar todas las genes de armas é peones que el año pasado habían apercibido. É como la gente fue junta, el Rey partió de la cibdad de Murcia á cinco días andados del mes de Junio deste año, é fue á la cibdad de Lorca: é fueron con él el Duque de Alburquerque, y el Marques de Cáliz, y el Conde de Buendía, y el Conde de Ledesma, y el Conde de Monteaquudo, é Don Diego de Cordova Conde de Cabra, y el Conde de San Estévan, é Don Enrique Enriquez su Mayordomo mayor, é Don Juan Chacon Adelantado de Murcia, é Pero Lopez de Padilla Adelantado de Castilla, é otros caballeros é capitanes fijos-dalgo de la casa del Rey é de la Reyna.
    É como el Rey llegó a la cibdad de Lorca, mando al Marques de Caliz é al Adelantado de Murcia, que fuesen con cierta genta en la delantera á poner real sobre la cibdad de Vera. É como el alcayde é los cabeceras de aquella cibdad sopiéron que el Rey venia á los cercar, salieron á fabla con el Adelantado, é dixéronles como estaban en servicio del Rey, é que viniendo él en persona, luego le entregarían aquella cibdad con sus fortalezas. Visto por aquellos capitanes el ofrescimiento fecho por los Moros, escribiéronlo al Rey, el cual fue con toda la hueste á quella cibdad, y el Alcayde é los Moros della salieron con las llaves, é se las entregaron. Y el Rey seguró sus personas é bienes para que se pudiesen ir á las partes de África, ó á las aldeas comarcanas á la cibdad, ó á otro qualquier lugar que quisiesen, según que lo dio á los de las otras villas é castillos de aquel reyno, que sin premia se le habían entregado. É puso por alcayde é gobernador de aquella cibdad á Garcilaso de la Vega su Maestrasala.
    Sabidos por algunas villas é fortalezas de las comarcas, como la cibdad de Vera se había entregado al Rey, luego vinieron ante él los Alfaquíes é Procuradores de las Cuevas, é de Huéscar, é Hueral, é de Sugena, é Alcorca, é Moxácar, é Bedar, é Serena, é Cabrera, é de Lubrer é Ulela, é Sorbas, é Teresa; é Locayna, é Torrillas, é de Hiynque, é Suebro, é Taraba, é de Belefique, de Níxar, é Huércar, é de Vélez el Blanco, é de Vélez el Rubio é de Cantoria, é de Cartabona é de Oria, é Xercos, é Albor, é Alxamecid, é Beniandala, é Benitarafa, é Atahelid, é Alardia, é Alhabia, é Benialguacil, é Benilibel, é Benzano, é Benimina, é Almánchez, é Cotobar, é Benicaglat, é Lixar, é Fines,, é Lula, é Huesga, é de Orze, é Galera, é Castillaja é Bullar, é Benamaural. Los quales entregaron luego las fortalezas que había en estos lugares al Rey, é puso en ellas sus alcaydes: é dio seguro á los Moros que dexáron la tierra, para que fuesen á morar á las partes que quisiesen con todos sus bienes: é los que quedaron por Mudéxares en estos lugares, ficiéron juramento de ser buenos é leales vasallos, é siervos del Rey é de la Reyna, é de les pagar sus tributos, según los ficiéron los otros Moros que quedaron por Mudéxares en los otros lugares que se nadáron en los años pasados. Recibidos todos estos lugares que se entregaron, el Rey acordó de ir á la cibdad de Almería, para ver el asiento della, é si habría lugar esta año para la sitiar. É mandó al Marques de Caliz, é al Duque de Alburquerque, é al Adelantado de Murcia, que fuesen en la delantera, los quales llegaron á vista de la cibdad. E los Moros viéron aquella gente, recelando ser cercados, pensáron de excusar el asiento del real, é salieron de aquella cibdad á escaramuzar con las batallas que iban en la delantera. É después que el Rey llegó con toda la otra gente, porque vido que de aquella escaramuza, por ser entre las huertas de la cibdad, los Cristianos recebian daño, mandó cesar la escaramuza, é retraer toda la gente. É después que por todas partes vido el asiento de aquella cibdad, tornó con toda la hueste á poner real cerca del rio de Almeria, que es media legua de aquella cibdad. É otro día mudó su real, é fue para la cibdad de Baza donde esta el Rey viejo.

    BARTOLOMÉ CONTRERAS
    Investigador y documentalista

    TEXTO:
    CRONICA DE LOS SEÑORES LOS REYES CATÓLICOS. DE DON FERNANDO Y DOÑA ISABEL DE CASTILLA Y DE ARAGON, ESCRITA POR SU CRONISTA HERNANDO DEL PULGAR. AÑO MDCCLXXX
    CAPITULO XCVIII
    DE LO QUE EL REY É LA REYNA FICIÉRON EN LA CIUDAD DE MURCIA

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