{"id":524,"date":"2026-05-25T11:04:49","date_gmt":"2026-05-25T09:04:49","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.vera.es\/biblioteca\/?p=524"},"modified":"2026-05-25T14:30:08","modified_gmt":"2026-05-25T12:30:08","slug":"alwin-el-errante-por-gabriel-padilla-haro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.vera.es\/biblioteca\/2026\/05\/25\/alwin-el-errante-por-gabriel-padilla-haro\/","title":{"rendered":"ALWIN, EL ERRANTE por Gabriel Padilla Haro"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\"><a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/gabrielpadilla_escritor\">https:\/\/www.instagram.com\/gabrielpadilla_escritor<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><a href=\"https:\/\/www.gabrielpadillaharo.com\/\">https:\/\/www.gabrielpadillaharo.com\/<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Una torta de manteca. Perdone que me sorprenda, pero hasta viniendo de un juglar de corte este encargo me result\u00f3 rid\u00edculo. He recitado cantares de gesta, actuado en grandes banquetes y tocado el la\u00fad para una audiencia tan multitudinaria como la poblaci\u00f3n de una metr\u00f3polis. Entienda pues, que cuando me fue encargado entregar una torta de manteca al hermano del rey, se me saltaron los ojos de las cuencas. Me separaban diez leguas de escabrosos terrenos, desiertos, largas cordilleras y valles infestados de lobos, y mis piernas eran m\u00e1s parecidas a dos palos de escoba que a dos troncos de pino. \u00bfC\u00f3mo demonios se le ocurre al rey encomendarme a m\u00ed, Alwin, de apellido Montesco y con una voz privilegiada la tarea de entregar una maldita torta de manteca para enmendar una disputa familiar?<\/p>\n\n\n\n<p>Total, que acept\u00e9, porque me faltaban agallas pero m\u00e1s falta me hac\u00eda el dinero. Adem\u00e1s, si hubiera rehusado su oferta me hubiera colgado del cuello\u2026 y valoro mucho mi cuello, mi se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi viaje comenz\u00f3 en burro (en caso de que fracasara, prefer\u00edan perder un burro antes que un caballo) por un sendero desdibujado entre la maleza. Babieca (as\u00ed lo llam\u00e9, pues aunque le faltaba mucho para ser un legendario corcel, el pobre hac\u00eda todo lo que pod\u00eda) cargaba un saco de hogazas de pan sobre su lomo y un peque\u00f1o saquito de tela con una \u00fanica y triste torta de manteca. El desgraciado rebuznaba como si exigiera m\u00e1s mercanc\u00eda, pues entre mi peso y el de los v\u00edveres no sumar\u00edamos m\u00e1s de cinco arrobas. Babieca trotaba con aire despreocupado; no le importaba parecer tan torpe como un cerdo reci\u00e9n despertado. Intent\u00e9 llegar en un d\u00eda a mi destino, pero claro, por aquel entonces no sab\u00eda que los c\u00e1lculos del rey eran m\u00e1s imprecisos que la predicci\u00f3n de los diluvios, as\u00ed que pronto me cercior\u00e9 de que no llevaba ni la mitad del trayecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Al segundo d\u00eda me qued\u00e9 sin pan, y al tercero sin aliento. El sendero, desprovisto de \u00e1rboles o cualquier otro techo que pudiera hacer sombra, era tan largo que cre\u00ed haber dado la vuelta en un despiste. Si Dios hubiera bajado del cielo para encontrarse conmigo, habr\u00eda perdido la fe en s\u00ed mismo tras comprobar mi aspecto macilento. Tres d\u00edas, \u00a1tres d\u00edas hab\u00edan bastado para que yo, Alwin, de apellido Montesco y con una voz privilegiada sintiera que el viento me llevar\u00eda consigo con una de sus r\u00e1fagas!<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, me encontr\u00e9 con esa casa.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed conoc\u00ed a Matilda, de sinuosas caderas, anchos mofletes y unos ojos azulados que me recordaron a las gemas que mi amo llevaba incrustadas en su bast\u00f3n. Me sirvi\u00f3 una sopa de verduras, y a Babieca unos trozos de pan duro (yo prefer\u00eda el pan, pero no quise ser descort\u00e9s). Despu\u00e9s, me qued\u00e9 durmiendo bajo su amparo; por un d\u00eda lo hice, pues cuando despert\u00e9 cre\u00ed que el tiempo no hab\u00eda avanzado. Lo que comenz\u00f3 como una afortunada casualidad pronto se convirti\u00f3 en un hermoso amor\u00edo que devolvi\u00f3 el color a mis carnes. Me enamor\u00e9 de Matilda, de su pelo y del silbido que soltaba al pronunciar la <em>s<\/em>. \u00a1Mal d\u00eda aquel en el que record\u00e9 mi cometido! Con pesar en el coraz\u00f3n y un sabor amargo en los labios, me desped\u00ed de ella y retom\u00e9 mi camino por los senderos desiertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto despu\u00e9s alcanc\u00e9 las monta\u00f1as. Babieca empez\u00f3 a quejarse de subir tantas cuestas. Creo que se hab\u00eda puesto gordo durante mi estancia con Matilda, pues de tanto pan cab\u00edan ahora dos personas sobre su lomo. Me top\u00e9 con un buhonero que cargaba un saco en la espalda y daba c\u00edrculos sobre s\u00ed mismo. Pens\u00e9 en pasar de largo, pero hac\u00eda fr\u00edo y ten\u00eda hambre, as\u00ed que le entregu\u00e9 a Babieca a cambio de sus provisiones. Las monta\u00f1as no son lugar para un burro, y mucho menos para un viejo mercader. Me dio pena advertir que ese desgraciado puso a dar vueltas a mi corcel hasta que este cay\u00f3 sobre sus patas traseras.<\/p>\n\n\n\n<p>Agradec\u00ed deshacerme de \u00e9l en cuanto escuch\u00e9 los primeros aullidos. Esos violentos se habr\u00edan dado un fest\u00edn con Babieca. Pas\u00e9 m\u00e1s noches en vela que un campanero un d\u00eda de tormenta. Perd\u00ed un dedo, me creci\u00f3 la barba, confront\u00e9 a un ganso, luego a un tej\u00f3n y luego a todo un enjambre de abejas, me qued\u00e9 dormido en una rama y despert\u00e9 con un brazo roto, cabalgu\u00e9 sin caballo, re\u00ed sin gracia y llor\u00e9 sin pena, adopt\u00e9 un gorri\u00f3n y lo llam\u00e9 Babieca (por aquel entonces no distingu\u00eda a un caballo de un p\u00e1jaro), y m\u00e1s tarde unos campesinos me adoptaron a m\u00ed, engord\u00e9 como un cerdo y hui con su despensa sobre mis hombros\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY la torta de manteca? \u2014me pregunt\u00f3 el hermano del rey.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abOh, claro, la torta\u00bb, pens\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues\u2026 no la tengo, mi se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1\u00bfC\u00f3mo que no la tiene?! \u2014bram\u00f3 aquel hombre con la ira de un perro rabioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Medit\u00e9 la respuesta, aunque ya la conociera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Pero conozco la receta, mi se\u00f1or! \u2014exclam\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe la torta?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No! \u2014grit\u00e9, abriendo los brazos\u2014. \u00a1De la vida, mi se\u00f1or! En mi viaje, en esta aventura\u2026 \u00a1He conocido la receta para una vida feliz!<\/p>\n\n\n\n<p>El hermano del rey, que ronroneaba como un gato pero chillaba como un zorro, frunci\u00f3 el ce\u00f1o hasta que se tocaron sus cejas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Llamen al verdugo! \u2014orden\u00f3, y sus hombres obedecieron como un reba\u00f1o a su pastor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed termino mi historia. Yo, Alwin, de apellido Montesco y con una voz privilegiada, perd\u00ed mi bien m\u00e1s preciado a manos del hermano del rey: mi cuello. Y no me arrepiento. Disfrutaba contando historias, bailando para mi amo y haciendo re\u00edr con mis chistes; pero vivir esas aventuras en mi propia piel me hizo sentir que, igual que Babieca era para m\u00ed un hermoso corcel, yo me hab\u00eda convertido en un valiente caballero. Mi mente estaba en paz, y mi coraz\u00f3n tan solo anhelaba que la espada no se atascara al cercenarme la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Menos mal que disfrut\u00e9 de esa deliciosa torta de manteca en compa\u00f1\u00eda de mi dulce Matilda\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>https:\/\/www.instagram.com\/gabrielpadilla_escritor https:\/\/www.gabrielpadillaharo.com\/ Una torta de manteca. Perdone que me sorprenda, pero hasta viniendo de un juglar de corte este encargo me result\u00f3 rid\u00edculo. He recitado cantares de gesta, actuado en grandes banquetes y tocado el la\u00fad para una audiencia tan multitudinaria como la poblaci\u00f3n de una metr\u00f3polis. 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