Algo más que el bosque. Siempre hay un camino de vuelta a casa.
Miguel Gane . Ilustrador Ignasi Font
La historia sigue los pasos de un niño muy miedoso que termina perdiéndose en la espesura del bosque. Para él, ese lugar desconocido representa el escenario donde cobran vida todos sus temores e imaginables peligros ocultos.
Sin embargo, a medida que avanza a la deriva en su aventura, el entorno le demuestra que la naturaleza esconde mucho más que amenazas. A través de una inesperada relación con los animales que habitan allí, el niño descubre un espacio de esperanza, curación y amistad, encontrando la fortaleza necesaria para emprender el camino de regreso a casa. El origen del relato cuenta con un trasfondo muy emotivo, ya que la trama está inspirada en una experiencia real y personal que el propio autor detalla en la nota final del ejemplar.

En la última reunión del Desayuno Literario selecciomos algunos libros de la biblioteca, los guardamos en un sobre y cada componente del grupo se llevó una lectura sorpresa, la idea era luego hablar del libro, del autor, de lo que les había trasmitido. Hoy podemos confirmar que la mayoría de las obras elegidas han sido recomendadas y en el caso de Algo más que el bosque además nos hemos encontrado con esta moraleja que nos regala Mayte Manjón.
Algo más que el bosque Miguel Gane
Hay miedos que paralizan, otros te hacen salir corriendo, pero Miguel Gane se olvida del que te hace más fuerte. A veces no sabemos a qué tenemos miedo y hay que ponerle nombre: coco, fieras, monstruo, oscuridad o tal vez, a lo desconocido, responsabilidad, futuro, inseguridad, desapego.
Todos tenemos un saco donde guardamos lo que somos. Algo oculto a lo que nadie puede llegar. Unos lo guardan en los bolsillos, otros dentro del alma. Otros donde se pueda acceder fácilmente como recurso para defenderse.
El saco que llevamos, con el tiempo lo vamos vaciando, dejando los miedos de lado. Otros miedos nos sirven siempre como protección y alerta.
Nos regimos por experiencias vividas o aprendidas y nos influyen en nuestro propio despertar. Saber distinguir lo que produce ese miedo, y si es justificado. Comprender para resolver.
Algunas veces con una mano incluso más pequeña que la nuestra, podemos sentirnos más fuertes que un huracán. Otras veces el miedo no es infundado porque hemos perdido algo valioso. Pero hemos aprendido la lección. El saco como nuestra intimidad, debemos protegerlo de invasiones de fuera. Cuando nos perdemos en nuestros miedos nos hacemos muy pequeños y todo parece inmenso de superar.
Hay momentos en los que el miedo es más grande que la realidad y con herramientas sutiles, como la ternura, puede ahuyentarlos casi más que enfrentándonos a un ataque incierto.
Y cuando aceptamos al miedo, el miedo se va.
Por Mayte Manjón
