2 AGOSTO, DÍA MUNDIAL DEL FOLCLORE. RESUCITAR LO TRADICIONAL DE LOS PUEBLOS

En 1960, se instituyó esta fecha como el Día Mundial del Folklore. La palabra Folklore o Folclore fue utilizada por primera vez por el arqueólogo inglés William John Thoms el 22 de Agosto de 1846 en la revista londinense “Athenaeum”.

La palabra está compuesta por dos voces inglesas “Folk” (pueblo) y “lore” (saber, ciencia), para definir al saber popular, los conocimientos, usos, costumbres, leyendas, supersticiones, música, danza, canciones, mitos, dichos, refranes, coplas, cantares, transmitidas de generación en generación, en definitiva, lo que se transmite de boca en boca, que trasciende, se incorpora a nuestras costumbres y desconoce toda autoría.

Bolillera

Muchos fueron los términos que intentaron reemplazar a la palabra Folklore, todas buscando castellanizar el termino: “Saber del pueblo”, “demosofía”, “tradición”, etc. Sin embargo, ninguno de ellos prosperó. Su consagración oficial se logró en 1878 con la fundación de la Folk-lore Society, la primera Sociedad Folklórica de carácter científico y definen al Folklore como ciencia y elaboran su programa. Hacia 1887, el inglés Houme, uno de los fundadores de la sociedad, define al Folklore como: “Ciencia que se ocupa de la supervivencia de las creencias y de las costumbres arcaicas en los tiempos modernos”.

Grupo folclórico Las Refajonas

Y, a propósito de este Día reflexionemos sobre la necesidad de resucitar lo tradicional de los pueblos. Posiblemente se trate de un fenómeno de compensación ante la despersonalización progresiva en la vida cotidiana de los pueblos. Ya desde hace décadas, en los años 70 del siglo XX ya J. Manegat hacía hincapié en esta cuestión acuciante en aquellos momentos, Décadas después seguimos en la misma coyuntura y en la pérdida de identidades. Las formas de vida tradicionales están desapareciendo, como está casi desapareciendo la vida campesina, tal como la hemos conocido durante generaciones, aquella que hoy se denomina agricultura ecológica. La sociedad tiende a transformarse en inmensos núcleos urbanos deshumanizados y masificados donde se habrá perdido todo concepto de tradición y, de ella, de artesanía popular, de valores populares para las artes y la misma gastronomía.

Grupo folclórico de Vera

En este sentido, también encontramos los muchos lugares en los que, lejos de la llamada cocina internacional, que es algo que no tiene el menor punto de contacto con un arte culinario, se pretenden resucitar recetas antiguas y populares que corren el riesgo irreparable de perderse para siempre (Ver serie de artículos publicados durante varios años en las páginas de IDEAL LEVANTE). Y esto mismo ocurre respecto muchas artes nobles y populares, cuyos objetos artesanos son buscados con tesón y amor. Y nos referimos a un caso excepcional que está ocurriendo en Mojácar, donde una familia extranjera ha adquirido un inmueble antiguo para su reconversión en una Casa-Museo, donde quede reflejado el testimonio de la vida tradicional y cotidiana de una casa de pueblo rural…

Tanto es así que me consta que en algunos otros lugares en los que aparecen apagados para siempre los numerosos hornos alfareros, vuelven éstos a encenderse y hay quienes regresan al viejo oficio porque ahora, acaso, sólo por un instinto de supervivencia vuelven a “cotizarse”, aunque no le den lo justo para amortizar la inversión.

Salvador Hernández procede de una familia de alfareros verastenses

Es una alegría descubrir que cada vez se inauguran tiendas donde sólo se venden objetos artesanos: cerámica de diseño y alfarería, esparto, trabajos de vidrio, hierro, madera o cuero, tejidos, bordados o costura de indumentaria antigua y tradicional popular., y bolillos como los que imparte la artesana Antoñita Díaz en Vera… y será, por tanto, y en este sentido mismo recuperar lo perdido, una alegría al acercarse a obras que nos hablen de estas artes, de estas maravillas que nacieron para la utilidad, el regalo, el ajuar o el recreo y que son exquisitas muestras del arte elemental y vivo de los pueblos.

Taller de Bolillos de Vera

Por ello, insistimos en que es una satisfacción ofrecerles a ustedes noticia de la aparición de obras singulares que se dedican a realizar todos los talleres de nuestro territorio con una nueva imagen que tenemos de los viejos objetos artesanos. Es un empeño digno del mejor elogio, del amplio panorama su tradicional y antiquísima artesanía popular, dignas de estudio con rigor, con la indispensable distribución por áreas de cultura y áreas geográficas, con relación a los enclaves que hoy sobreviven a esta casi implacable desaparición.

La verdad es que nuestra región, por su inmensa variedad geográfica, por la diversidad de características de todo tipo, culturales, psicológicas, etc., presenta un panorama increíblemente rico en lo que se refiere a las distintas artes populares que van desde la más modesta alfarería a la mayor complejidad en el tejido de encajes, en la elaboración de vidrios, como la fábrica que existiría en el pueblo de María, en trabajos de hierro o cestería de esparto, caña, mimbre, rafia… que alcanza a juguetes de madera, exvotos, ofrendas, trabajos en metales diversos, figuras de belén, papel…

Antonio Flores “el espartero”

Un horizonte temático que se agranda en nuestros estudios sobre las artesanías. Y los trabajos de investigación y publicaciones no pueden ser más ilustrativos, informativos y formativos, sobre todo en relación con el esparto, sobre todo para quienes se interesen por algo tan esencial en la vida de los pueblos como son sus artes populares. A mí me parece que, como investigadores en este campo, nuestra misión es apoyar la resurrección de estas tradiciones del folclore, como señas de identidad y memoria histórica.

Domingo Ortiz Soler

Museo Histórico Municipal

Ayuntamiento de Vera

Libreto de coplas

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