LOS SARAGURO EN VERA

Uno de los estudios realizados por Pilar Cruz Zúñiga durante sus estancias en Vera desde el año 2004 sobre la etnia Saraguro.

Comunidades transnacionales indígenas: la experiencia migratoria del pueblo saraguro en Vera (España)*

PILAR CRUZ ZÚÑIGA

Pilar Cruz Zúñiga

Universidad Pablo de Olavide (UPO)-El Colegio de América. Sevilla, España.

Introducción

La migración internacional de ecuatorianos de finales del pasado siglo XX constituye un proceso complejo y diverso, además de involucrar a amplios sectores sociales (Pedone 2006; Jokisch 2007). Los pueblos indígenas del Ecuador no son ajenos a tal proceso. En las páginas siguientes enfocaré algunos aspectos que tratan de explicar el proceso migratorio de indígenas saraguro1 hacia España y más particularmente, hacia una pequeña localidad situada en el sur de Andalucía, con el propósito de reflexionar en torno a la construcción y el alcance de algunas prácticas transnacionales allí detectadas.

Esta ponencia, sin embargo, no ofrece conclusiones definitivas. La intención más bien es exponer algunas reflexiones e indagaciones que parten del trabajo de intervención social que realizo en la localidad de Vera2 y del proyecto de tesis doctoral que actualmente escribo. Los datos que se aportan provienen tanto de información cuantitativa como cualitativa, recogida en la investigación que vengo realizando desde 2003 y comprende distinta información obtenida a través de encuestas, entrevistas, conversaciones incidentales y observación participante.3

Vera es un pequeño municipio ubicado en la zona del Levante almeriense de la Comunidad Autónoma de Andalucía, donde vivían oficialmente en 2006, 11.159 personas empadronadas entre autóctonas y extranjeras (INE 2006).4 Allí, desde 1999 se documenta la presencia de un importante enclave de indígenas saraguros y otros ecuatorianos que han llegado para buscar mejores oportunidades de vida y enfrentar la grave crisis económica y política que azotó Ecuador en 1999 (Cruz 2007).

Las páginas de esta ponencia se inscriben en la perspectiva del denominado “transnacionalismo inmigrante” (Portes 2005:3) que trata de ampliar los modelos analíticos construidos desde la perspectiva bipolar (país de origen-país de destino) y dominados por el nacionalismo metodológico (Estado-nación como marco de organización y análisis de la sociedad) (Guarnizo 2006:103 y 109). Así, este es un intento de explorar e indagar en algunas de las formas de construir una existencia transfronteriza por indígenas cuyo proceso migratorio es de reciente data.

La exposición se inicia con una caracterización del proceso migratorio, para detenernos en algunos aspectos a considerar sobre el proceso de adaptación en Vera. A continuación, realizo un análisis de las implicaciones que algunas prácticas cotidianas tienen en la reproducción de lógicas de dominación y emancipación, lógicas jerárquicas individuales y consumistas, pero también solidarias, que repiten las que existen en origen, aunque a la vez dan cuenta del establecimiento de otras nuevas que se instalan y dinamizan el denominado campo de “acción transnacional”.

Inmigración saraguro: algunas características

Durante el siglo XX las comunidades de indígenas saraguro5 han vivido varias experiencias de migración interna hacia distintas zonas del Ecuador en busca de mejores condiciones de vida, tierras de cultivo y empleo (CODENPE 2002; Cruz 2006b:144-5, 2007:139-40).6 Pero es desde la última década del pasado siglo cuando se viene registrando un acelerado proceso de migración internacional, cuyo destino principal es España y, en menor medida Italia, Estados Unidos y Australia (Cruz 2006b:145).7 En este sentido, entre las comunidades saraguro, al igual que ocurría con otras nacionalidades indígenas ecuatorianas, por primera vez en su historia también se evidencia un proceso de migración internacional masiva de fuerza laboral, a causa del empobrecimiento generalizado.8

La llegada de inmigrantes saraguro hacia la zona del Levante español data de 1997-1998 y se extiende por localidades ubicadas en tres comunidades autónomas: Andalucía, región de Murcia y Comunidad Valenciana (Cruz 2007:31; Provencio 2006:89). En Vera se localiza el núcleo saraguro más importante, mientras núcleos más dispersos y menos numerosos están situados en otros municipios almerienses, murcianos, valencianos e incluso de Cataluña, según comentarios de saraguros veratenses.

La pujante economía de Vera, como otros municipios del litoral almeriense, está caracterizada por el dinamismo que imprimen actividades relacionadas con la agricultura intensiva, turismo, construcción y servicios, las cuales generan gran demanda de mano de obra (Cruz 2006b y 2007). Pero este factor de demanda laboral, desde una perspectiva transnacional, no es el único que explica los movimientos migratorios hacia la comarca veratense. Así, es importante recordar que, como dijo Guarnizo (2006:16), “la migración, inicialmente generada por condiciones macro estructurales, se convierte en un proceso autosostenido debido a las redes sociales que ella misma crea a través del tiempo”. Eso explicaría, según Guarnizo, cómo el proceso migratorio se convierte en algo más o menos estable, incluso una vez que los factores macro estructurales que lo originaron se hayan disipado.

En el caso de la migración saraguro a Vera, el dinamismo e intensidad que alcanzó la migración entre los años 1999 y 2003 no solamente se explica por la confluencia de factores de atracción de mano de obra en destino con las condiciones económicas en origen, sino también por la presencia sostenida y emergente de cadenas y redes familiares que sustentan el proceso migratorio. De esto último es sintomático, por ejemplo, el alto porcentaje de indígenas que llegaron a Vera directamente desde Saraguro (es decir, sin estancias residenciales previas en otras localidades españolas), así como también el elevado porcentaje de indígenas cuyos familiares residen en Vera o localidades de Murcia y Valencia (Cruz 2006b:148, 2007:78-81).

Este dinamismo migratorio de los saraguros hacia Vera, corre paralelo a la dispersión que se observa hacia municipios vecinos, generando el incremento y disminución en algunos núcleos domésticos. Aquí también, factores como las mejores oportunidades laborales9 se combinan con las redes familiares. Desde 2003 ésta movilidad se ha transformado en una constante hacia otras zonas de Almería, pero en especial a localidades de Murcia. No obstante, la movilidad hacia otras localidades en algunos casos no es definitiva, sino puntual: implica la ausencia de algunas semanas o meses para trabajar sobre todo en la recolección de productos agrícolas, antes de regresar a Vera, donde tienen su residencia habitual.

SARAGURO 2

Antes de pasar a realizar algunas consideraciones sobre el proceso de adaptación en el nuevo entorno, es importante indicar que las personas saraguras que viven en Vera trabajan principalmente en los sectores agrícola y de la construcción. En 2003 la mayor parte se empleaban en la agricultura intensiva, pero también en tareas de jardinería y de regadío en los campos de golf que se construyen en esa zona (Cruz 2006b:149, 2007:61-74). Esta tendencia en los años posteriores ha cambiado, sobre todo entre los hombres, quienes en gran parte han pasado a emplearse como albañiles en las numerosas obras que se realizan en Vera y pueblos de la comarca. La razón para este cambio está en los mejores sueldos y la mayor estabilidad laboral que ofrece el sector de la construcción,10 pero también, y no por ello es cuestión menos importante, al alto porcentaje de hombres saraguros que poseen permisos de trabajo.

En este sentido, vale la pena comentar que la proporción de saraguros hombres con la documentación en regla (es decir, con permiso de residencia y trabajo) es más elevada que la del resto de ecuatorianos que viven en la zona (Cruz 2006b:149, 2007:44-49). En el caso de las mujeres saraguras, en cambio, existirían más casos de personas que están en situación irregular o que solamente poseen permiso de residencia para vivir en España, pero no para trabajar: necesitarían un contrato laboral y por eso la mayoría se dedica a actividades agrícolas donde es más fácil conseguir trabajo “sin papeles”.

La adaptación en Vera: identidad y reproducción social

En este apartado me referiré a algunos usos y prácticas cotidianas en las cuales los saraguros reproducen y resignifican en Vera los “círculos concéntricos de identidad étnica”.11 Tales usos y prácticas se plantean como una especie de “condicionantes” donde se inscribirían los empeños de la “acción transnacional” –de los que habla Guarnizo (2006) y que abordaré luego aplicándolos al caso saraguro–, para llenar la necesidad de mantener los vínculos y los afectos con sus localidades de origen.

Los usos y prácticas que voy a señalar se inscribirían en lo que Pierre Bourdieu designa como “habitus”, o sea, un conjunto de disposiciones (sistema de competencias) adquiridas por los individuos en los procesos de socialización y aprendizaje, de experiencias, de vida (citado en García Inda 2001:24-28). Esto se refiere a aquellas dimensiones o aquellos “hábitos” que solían desarrollar en sus comunidades de origen en Ecuador, productos concretos de un aprendizaje y socialización a través de la familia, el contexto social y cultural, del entorno,12 y que con el proceso migratorio es transformado, resignificado, en los nuevos contextos, pues tratándose de “subjetividad socializada” serían susceptibles de ajustes por los agentes (concertación de las prácticas) (García Inda 2001:29).

Tales prácticas, en este sentido, remitirían al concepto de subjetividades que plantea Carmen Caamaño (2007),13 entendiendo esto “como formas de pensamiento, acción y emoción de las personas” que tendrían formas de conexión con dimensiones sociales, económicas y políticas de la realidad, es decir, referidas a cómo se produce la internalización de las estructuras sociales y relaciones de clase, pero también de construcción de capital simbólico (Caamaño 2007: 48).

Empezaré refiriéndome a aquellos “hábitos” externos que hacen que los saraguros se distingan en Vera del resto de ecuatorianos. Eso correspondería a lo que Cervone indica son “elementos socialmente percibidos como significativos” y a los cuales los actores necesitan recurrir para marcar las diferencias étnicas (citada en Guerrero y Ospina 2003), pero que son resignificados por la socialización y presión social que sobre ellos se ejerce en el contexto de la migración. Se trata de elementos “tradicionales” y de uso saraguro, como el cabello largo entre la mayoría de los hombres (la jimba o trenza), las faldas negras y largas entre las mujeres, y el sobrero negro de fieltro14 (Cruz 2007:34-37). A partir de 2003 estos “signos” externos de identidad saragura han experimentado un retroceso, en particular entre las personas jóvenes. Los hombres prefieren llevar el cabello en forma de melena no muy larga (recogida en la nuca o a veces suelta), y no ya en la típica jimba; las faldas negras se suelen ver raramente los días ordinarios ya que buena parte de las mujeres (jóvenes, sobre todo) usa pantalones en forma permanente, y los sombreros han sido sustituidos por gorras de uso diario, y por sombreros de otras características.

Para explicar estos cambios es importante remitirnos, por un lado, a la presión social negativa que se ejerce desde el nuevo contexto veratense, pero que tampoco es exclusiva de ella: algunas de estas presiones tuvieron ya lugar en Ecuador o en otro contexto migratorio.15 En el caso de la jimba, en Vera hay testimonios de cómo los empleadores españoles insistieron mucho, sin lograrlo, para que se la cortaran los primeros hombres saraguros que llegaron (Del Campo en Belote 2005:8). A partir de 1999 los empleadores españoles, según la visita que hizo Belote en 2000 (2005:8), respetan la jimba y reconocen el trabajo duro y la responsabilidad laboral de los saraguros. Pero hay testimonios más recientes (a partir de 2003) que señalan la alusión por algunos españoles a la jimba a través de constantes bromas, que incluso pueden llegar a la burla y, en el caso de niños, a la agresión.16

vera pilar cruz p

De otro lado, el cambio en los usos tradicionales de la ropa se debería a las condiciones laborales y climáticas en que trabajan hombres y mujeres: las temperaturas extremas en verano e invierno hacen imposible el uso de la ropa tradicional de algodón de color oscuro, pero también las mismas condiciones de trabajo dificultan el uso de faldas (“impiden avanzar con rapidez”, dijo una señora), además de que si las usaran a diario, las prendas se gastarían y “acabarían hechas pedazos, manchadas, feas, acabadas”, como indicó una mujer joven, quien mencionó además que prefería llevar esa ropa el domingo o guardarla para alguna ocasión especial.

De alguna manera esos cambios también podrían inscribirse o leerse como una pervivencia del proceso de “transfiguración” que J. Belote y L. Smith detectaron en la zona de Saraguro hasta mediados de los años ochenta del siglo XX, cuando era posible cambiar de identidad étnica y permanecer en la misma comunidad (citados en Guerrero y Ospina 2003). En el contexto migratorio, el abandono de los usos tradicionales podría considerarse como estrategia de ascenso social consentida por todo el grupo –la función de la transfiguración detectada por Smith y Belote– para “igualarse” al resto de inmigrantes ecuatorianos y no quedar en una posición inferior y objeto de más discriminación por su condición de indígenas. Esto remite a los espacios de exclusión estructural detectados en Vera, donde específicamente contra los saraguros (hay otras discriminaciones también) vuelven a reproducirse patrones de discriminación por otros ecuatorianos no indígenas, basados en esencialismos y consideraciones de superioridad “blanca” y “mestiza”, y que en algunos casos se habrían transmitido a la población española (Cruz 2007:144-45).

Finalmente, en otro orden de “hábitos” que forman ese círculo concéntrico de identidad saraguro, voy a mencionar la práctica que tiene el juego de “volley” (voleibol) como mecanismo para reproducir la noción de espacio de encuentro, de comunidad (colectivo, grupo), de reciprocidad. Sin que esta práctica sea de exclusivo uso saraguro, porque también participan en el juego mestizos, sí es interesante observar que son los saraguros quienes más lo practican como distracción lúdica,17 incluso con apuestas monetarias.

Los sábados por la tarde, pero principalmente todos los domingos, en canchas ubicadas en las afueras de Vera y aledañas a cortijos, se desarrollan los partidos que aglutinan a gran cantidad de saraguros, entre jugadores y espectadores, sobre todo hombres. El ritual del juego comienza con la elección de jugadores y canchas así como la designación de árbitros, pues se desarrollan al menos tres juegos simultáneos. Paralelamente, hay otras actividades de socialización como la reunión de amigos y familiares (hombres la mayoría) para celebrar el estar juntos, comer comidas típicas o beber cervezas. Como indica L. Belote, durante su visita a Vera en diciembre de 2000 constató cómo alrededor de la práctica del volley, en el cortijo La Morata se organizaban reuniones que hacían de ese espacio una especie de hogar de encuentro, de fiesta y de centro de comunidad que los indígenas necesitaban (2005:9).

En las canchas, personas saraguras y ecuatorianas no indígenas (de clases populares) tienen la oportunidad de comportarse como si estuvieran en sus pueblos de origen, lejos de las miradas censuradoras de la población española, y respaldadas por la presencia masiva de otros “compañeros”, llegados desde Vera y pueblos vecinos, con quienes comparten vínculos de parentesco y amistad. En ese lugar, y pese a las limitaciones, pueden ser enteramente ellos mismos, pues no importa para nada que esas canchas y el entorno sean un descampado con condiciones mínimas de uso, que casi no existan servicios sanitarios o que solamente haya arena, mucha arena, donde se sientan cuando están cansados o caen borrachos por el alcohol. Allí, algunos pocos hombres y mujeres saraguros visten sus atuendos tradicionales, mientras degustan comidas típicas (caldo de pata de res con mote, hornado, fritada, tortillas, etc.).

Entre los saraguros, el sentimiento de añoranza de sus espacios sociales, de sus costumbres, de sus hábitos, que se produce en reuniones como la señalada, remite por un lado, al proceso de idealización doble: de sus comunidades originarias y de las relaciones que allí establecían (sin jerarquías ni dominación), pero también a idealizar los lazos amistosos construidos en torno a este espacio lúdico de juego, olvidando –al menos en forma momentánea− la explotación y abusos que muchas veces generan sus mismos “compañeros” de reunión o ellos mismos.

Implicaciones del vivir transnacional

Aquí retomo el concepto “acción transnacional” planteado por Guarnizo (2006:90) referido a todo tipo de empeño social (cultural, económico, político), de alcance público o privado, e iniciado y mantenido por actores no gubernamentales y no corporativos como parte de su vida cotidiana, pero que en el contexto de migración están siendo transterritorializados cada vez más. En esta misma línea, como sostiene Caamaño (2007:15), el espacio transnacional es “flexible, fluido y contradictorio y en él la dominación, acomodación y resistencia interactúan reproduciendo y transformando las clases sociales y conformando identidades de clase, género, etnia y nacionalidad” altamente flexibles pero vulnerables y organizadas alrededor del trabajo y el consumo. Es decir, hay procesos de diferenciación social y jerarquizaciones, en origen y destino que se añaden a los ya existentes, además de nuevas formas de cohesión social.

Precisamente, las prácticas transnacionales abarcarían aquellas que se realizan en tres grandes dominios: político, sociocultural y económico (Guarnizo 2006:90-2). La condición de transnacionalidad está determinada tanto por la asiduidad como la continuidad, dos aspectos claves y que evitan la consideración de acciones de tipo esporádico, aunque transnacionales en términos formales, que emprendan las personas migrantes. Algunas de estas prácticas transnacionales también, como señala el mismo Guarnizo, se corresponderían con el plano de las subjetividades18 y estarían ubicadas en el dominio sociocultural. Se trata de actividades destinadas a reproducir y afianzar los afectos, pero sin dejar estar relacionadas con el consumo.

A continuación, voy a enumerar algunas de estas prácticas o estrategias socioculturales de alcance más bien privado que público, que se detectan entre los saraguros de Vera, pero dejando claro que no constituye un inventario exhaustivo y que más bien estoy en su exploración:

  • Comunicación con familiares y amistades: contacto frecuente y en algunos casos diario, a través de llamadas telefónicas que hacen o reciben en sus teléfonos celulares pero también las llamadas que se hacen desde los ocho locutorios que existen en Vera (particularmente el locutorio Saraguro). Así se “conectan” con familiares y amistades en Ecuador, pero también ese contacto abarca a personas que viven en otras localidades españolas y en otros países (Estados Unidos e Italia). En esta comunicación incluyo el “chateo” por Internet, que cada vez tiene nuevos adeptos entre los jóvenes, quienes incluso intercambian imágenes y visitas a distintas páginas web (algunas de contenido pornográfico).

  • Remesas: envíos regulares y constantes de dinero a familiares y amigos en Ecuador, sobre todo en los primeros años como inmigrantes. En 2003 la media de envíos fue 314 euros entre los ecuatorianos (incluido los saraguros), siendo los indígenas quienes más dinero enviaban a través de los locutorios y no de las agencias bancarias (Cruz 2007:88-90). La tendencia de montos y lugares de envío, sin embargo habría cambiado en los últimos años, por ejemplo, se habría reducido a causa de la reagrupación de las familias.

  • Paquetes y encomiendas: continua y constante remisión de paquetes desde los locutorios y cuando algún conocido viaja o regresa de Ecuador.19 Esas actividades posibilitan que personas saraguras y otras ecuatorianas logren articular y mantener presentes los vínculos afectivos particularmente hacia sus hijos e hijas. Las mujeres que son madres20 son las más preocupadas en hacer estos encargos, adquiriendo diversos objetos en el mercadillo sabatino de Vera o a otras personas ecuatorianas. Se compra: ropa, zapatos, joyas, relojes, juguetes, útiles escolares, etc. Además, se envían y reciben recuerdos como fotografías, grabaciones de viajes y fiestas, etc., pero también diversos alimentos congelados como frutas y alimentos cocinados como cuyes, dulces, humitas, etc.

  • Trabajar “aquí y allí”: estrategia desarrollada por algunos indígenas (hombres y mujeres) que tienen regularizada su situación en España, y que utilizan las vacaciones y los periodos en que están en paro (desempleo) para regresar en forma sistemática a sus localidades en Ecuador. La permanencia “allí” (Ecuador) es por lo general de uno o dos meses, aunque alguna persona indicó medio año; transcurrido ese tiempo regresan “aquí” (Vera) y se incorporan al trabajo del que depende enteramente sus ingresos. Como dijo una señora, ella aprovechaba cuando no tenía trabajo en el campo y prefería acogerse al paro para regresar a su comunidad y terminar su casa, sembrar sus tierras, ver a sus animales, pero sobre todo, estar con sus hijos, a quienes, ni por asomo pensaba reagruparlos en Vera.

  • Traer música: petición frecuente para que familiares y amigos les envíen música en casetes, CD o DVD. La música preferida es la “nacional” (folklórica y popular) y la “romántica” (“baladas”) (21). Esa música los acompaña en sus hogares, contribuyendo a mitigar la nostalgia y alegrando las reuniones sociales.

La incipiente, y sin duda incompleta, enumeración de estas actividades transnacionales, que corresponden más al dominio sociocultural y de las subjetividades, sirve para configurar las dinámicas desde las cuales los indígenas reproducen y construyen una búsqueda de equilibrios, que en definitiva sería la vivencia del proceso de adaptación en Vera.

Para estos actores, sin embargo, el equilibrio no solamente remitiría a la dualidad origen y destino, sino que se establecería al menos de cuatro formas, cada una con sus propias complejidades y fracturas: las dimensiones que los señalan como personas (ciudadanos) a la vez que como indígenas, ecuatorianos e inmigrantes empobrecidos.

A manera de hipótesis, se podría plantear que durante el proceso de inserción de los inmigrantes en las nuevas localidades, las actividades transnacionales propiamente corresponderían o resultarían más adecuadas a períodos cuando las precariedades y carencias, además de los afectos, no están garantizados en destino. Así, a pesar de que la inmigración de saraguros a Vera no ha cumplido aún una década, y aunque se trate de un proceso donde es posible observar mecanismo y lógicas precoces de inserción, esta “primera generación” está bastante anclada en origen a través de lazos de distinto tipo y de prácticas socioculturales que habría que dilucidar con mayor precisión.

Cabe decir que las actividades transnacionales hasta aquí señaladas permiten observar algunos elementos que estarían condicionando el equilibrio, que falta y no se ve, en las relaciones interculturales, así como la discriminación y exclusión que viven cotidianamente estos indígenas. Para explicarme, indicaré que en Vera, por ejemplo, la homogeneidad de los saraguros como colectivo es más aparente que real: existen procesos de jerarquías y diferenciación social y de clase, donde incluso pesan las zonas de origen en Ecuador. Esto repercute en el hecho de buscar la consolidación de sus intereses económicos particulares o de grupo doméstico, pero sobre todo en el reto que supone la implementación de prácticas transnacionales más solidarias y democráticas que, al menos, contrarresten la reproducción de lógicas hegemónicas y de dominación asociadas a ellos mismos (explotación y abuso al interior de las redes sociales, por ejemplo).

Finalmente, hay que indicar que en Vera, al igual que ocurre con los colombianos instalados en Londres (Guarnizo 2006) o los costarricenses en Estados Unidos (Caamaño 2007), muchas de las relaciones transnacionales están dominadas por actividades que son más individuales que colectivas, y que buscan el beneficio privado antes que el público, donde el campo de envío de remesas tiene gran impacto por la articulación de las economías con respecto al capitalismo y al consumismo globalizador.

Pilar Cruz Zúñiga p

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*Publicado en: Torres, A. y Carrasco, J. (coords.). Al filo de la identidad. Migración indígena en América Latina. Quito: FLACSO, Sede Ecuador/UNICEF/AECID, 2008, pp. 91-106.

1Saraguro identifica, además del pueblo de ese nombre, a los indígenas de una de las nacionalidades de lengua kichwa (quichua) que viven en la provincia de Loja y, en menor medida, en la provincia de Zamora Chinchipe. Utilizaré “saraguro” para referirme a esos indígenas, a los que se podría denominar “kichwa-saraguro”, de acuerdo a la distinción que hace Torres (2004) sobre los “kichwa-otavalo”.

2Me desempeño como coordinadora-investigadora del proyecto de investigación-intervención social que desarrolla allí la Universidad Pablo de Olavide (UPO) desde 2003; el proyecto está dirigido por el Dr. Juan Marchena y ha sido financiado a través de las subvenciones concedidas por la Dirección General de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía. Los resultados de la fase de diagnóstico han sido publicados el año pasado (Cruz 2007), mientras está pendiente la de los capítulos de intervención de 2006-07. Con la intervención se busca mejorar la convivencia en Vera, entre personas autóctonas e inmigrantes, y mejorar la inserción de los inmigrantes ecuatorianos (no solo indígenas saraguro) y de otras nacionalidades.

3En 2003 realicé 290 encuestas (220 personas de Ecuador, 60 de España y 10 de otros países); la muestra de los ecuatorianos representa 49% del total de personas ecuatorianas empadronadas en dicha localidad al 1 de enero de 2003 (Cruz 2006b:144, 2007:16-19).

4Vera se localiza al este de la provincia de Almería. La cifra de población en 2007 puede ser superior, considerando a las personas que viven en Vera, pero constan empadronadas en otros municipios y a aquellos inmigrantes, sobre todo numerosos bolivianos, que no pueden empadronarse entre otros motivos por el hacinamiento en las viviendas. Durante cada verano la población se incrementa aproximadamente hasta los veinte mil habitantes (Cruz 2007).

5La población saraguro que vive en Ecuador oscila entre las 37.000 y 60.000 personas, organizadas alrededor de 183 comunidades (CODENPE 2002; Cruz 2007:160-1).

6Por ejemplo, Ramalhosa y Minkel (2003:9) detectaron en la ciudad de Loja que 2,4% de los jefes de familia encuestados allí inmigraron desde el cantón Saraguro, aunque no sabemos si se trata de indígenas.

7El Departamento de Movilidad Humana de la Pastoral de Loja localizó en el cantón Saraguro, hasta julio de 2002, 148 emigrantes, aunque sin especificar su condición étnica ni su destino específico. De todas formas, esa investigación constata la orientación predominante de la emigración desde toda la provincia de Loja hacia España, seguida bastante de lejos por destinos como Estados Unidos e Italia (2004:5-6).

8Ver el estudio de Ruiz Balzola (2006) sobre los kichwa-otavalo, antes dedicados exclusivamente al comercio internacional de artesanías.

9 Según Belote (2005:11) la movilidad laboral explicaría el descenso de población saraguro en Vera, pues en 2001 Mellado estimaba que había en la zona 800 saraguros, número que habría descendido a 150-350 personas que da la investigación efectuada por Cruz en 2003. La cifra de 2001 me parece exagerada, aunque no tengo forma de confirmarla.

10Desde el último trimestre de 2007 se empezó a notar una recesión en el sector de la construcción (al igual que ocurre en otras zonas de España) lo cual, en el caso específico de las personas inmigrantes, significa el aumento del desempleo e inestabilidad laboral. Esa situación se ha tornado crítica y desesperada hacia marzo de 2008 para todas las personas inmigrantes vinculadas o no a la construcción: tienen grandes dificultades para encontrar trabajo y, cuando tienen empleo, deben esperar (en algunos casos meses) para que les paguen el salario. Habrá que ver cómo evoluciona la situación en los meses posteriores y sus efectos sobre la economía de las personas inmigrantes, sean o no saraguros.

11Uso la noción de “círculos concéntricos de identidad étnica” propuesta por Guerrero y Ospina (2003), para señalar que también entre los saraguros el proceso de su identificación “étnica” no es un todo cerrado sino que está en construcción y daría cuenta, en definitiva y como señalan los mencionados autores, de “los variados niveles y la distinta intensidad con que las poblaciones urbanas y rurales de la sierra ecuatoriana pueden reconocerse como parte de la ‘indianidad’”.

12Como dice Bourdieu, el “habitus es duradero pero no inmutable” (citado en García Inda 2001:33).

13Agradezco a Carmen Caamaño por haberme facilitado una copia de su tesis doctoral donde trabaja ésta y otras interesantes propuestas.

14Ningún indígena en Vera utiliza el sombrero de lana blanco con círculos negros.

15En Ecuador, Guerrero y Ospina (2003) citan el caso de un dirigente saraguro de Zamora a quien “una vez su jefe le habría dicho que no le gustaba el sombrero y el pelo largo con trenza, propio de los saraguros: ‘Queda feo’. Le ofreció dinero para que se cortara el pelo y arrojara para siempre el sombrero a su pasado”, pero él no aceptó. A los primeros saraguros que emigraron a Estados Unidos a inicios de los noventa, los “coyotes” les exigieron que se cortaran la jimba para no llamar la atención de agentes de migración (Belote 2005:5). En Vera, un indígena me comentó que él y otros se cortaron la trenza cuando fueron al servicio militar obligatorio (como el resto de jóvenes ecuatorianos); él no volvió a dejarse crecer de nuevo el cabello (lo lleva muy corto), algunos de sus amigos tampoco.

16Belote (2005:12) señala la presión sobre niños en España y en Estados Unidos, y cómo al final los padres eligen cortar la jimba. Según Cruz (2006a), el panorama no había cambiado hacia 2006 en Vera, donde seguía registrándose algún caso de agresión y la solución de cortarse el cabello.

17El resto de ecuatorianos parecen preferir el fútbol, aunque también hay algunos saraguros que lo practican.

18Esas prácticas también abarcarían, según Guarnizo (2006:90), aquellas de “alcance privado, antes que público, tales como las relaciones familiares, las relaciones sociales con allegados en terceros países”.

19Una religiosa comentó que algunos indígenas, en vísperas de viajar a Ecuador, se acercaban al convento a pedir que se les regalara sábanas, cubrecamas y ropa para llevar a sus hogares en Ecuador, ya que eran muy pobres.

20Ver el estudio de Provencio (2006:89 y ss.) sobre las implicaciones que en el contexto migratorio tiene la maternidad y el parto para mujeres saraguras en Murcia.

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